El aprendizaje de la libertad

monarquía independiente pero ligada a la Corona española (una solución parecida a la brasileña o a los acuerdos a los que llegó Gran Bretaña con sus colonias). El asunto complicado para la concreción de este acuerdo era encontrar a quien pudiera ser el nuevo rey del Perú. Ya no había incas, ni los criollos estarían dispuestos a obedecer a un indio, por más título monárquico que llevase. De otro lado, dar con un príncipe europeo que se aviniese a la aventura de una corona en los Ande, no parecía fácil en esta coyuntura. Después del fracaso de las conferencias de Punchauca (entre La Serna y San Martín), el virrey abandonó Lima con su ejército y trasladó su gobierno al Cusco. La salida del virrey provocó desconcierto y, en algunos, pavor. Las familias españolas y criollas, especialmente, dudaban qué hacer: ¿seguir al virrey? ¿Abandonar Lima? ¿Refugiarse en los conventos o en el fuerte del Real Felipe? ¿Mantenerse en sus casas? Era evidente que Lima sería ahora tomada por los soldados de San Martín y nadie sabía cómo procederían estos; especialmente con los peninsulares o con quienes habían apoyado al virrey. Todo era incierto. San Martín entró a la capital pocos días después de la salida de La Serna. Una comitiva de limeños distinguidos lo había visitado para invitarlo a tomar la ciudad con el fin de prevenir el desorden y el robo que podía provenir del hecho de no haber quedado soldados ni fuerza pública alguna en la ciudad tras la salida del virrey. Fue el momento, también, en que muchos criollos (y también peninsulares y de otras castas) apreciaron que la suerte de la monarquía española en América estaba aparentemente ya echada y era mejor tratar de contemporizar con los nuevos líderes. Una vez instalado en el palacio de verano mandado a construir por Pezuela en el pueblo de La Magdalena, San Martín organizó una ceremonia de juramento y proclamación de la independencia en la ciudad que Pizarro fundara casi tres siglos atrás. Ceremonias similares habían tenido lugar en Huaura, Trujillo y otras poblaciones del norte, pero la de Lima tendría un carácter simbólico de gran impacto por haber sido esta ciudad el centro del poder español en Sudamérica a partir del siglo XVI. En vez de reservarse el mando militar de la nación y proclamar presidente o jefe político a un líder peruano, tal como rezaban las instrucciones que el Senado chileno había redactado, San Martín optó por conservar ambos poderes bajo su mano, con el título poco usual de «Protector del Perú». Fue una decisión que tendría un fuerte legado en el Perú, al inaugurar el cesarismo militar o el gobierno pretoriano, en el que el mando militar y el 36

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx