El aprendizaje de la libertad

esta región un formidable ejército que se oponía a la expansión de la independencia, sino que la propia población de estos parajes tenía sentimientos apenas tibios por la causa separatista. Aunque el ejército del sur estaba capitaneado por generales peninsulares y criollos como Jerónimo Valdez, Pedro Olañeta, Pío Tristán y José Manuel Goyeneche, sus tropas estaban compuestas por indígenas de la región, compenetrados con la población local y orgullosos de su actuación como soldados del rey, que hasta el momento los hacía aparecer como los salvadores de la monarquía en tan difícil momento (véase el siguiente recuadro). El ejército realista en la guerra de independencia (Fragmento tomado del diario del general y después virrey del Perú, Joaquín de la Pezuela, en su campaña en el Alto Perú) «Cuanto se me dijo en Oruro a cerca del estado del ejército, era un bosquejo nomás de lo que vi a mi llegada. Los oficiales andaban vestidos con sus sombreros blanco redondo: una chaqueta sin divisa y metidos en una capa: con este traje montaban las guardias; jamás se veían en la casa del General, ni aún en las de sus jefes, a pesar de que las costumbres de estos se diferenciaban poco de la del soldado. La tropa estaba desnuda la mayor parte; y no pocos soldados con el pie mondado en el suelo; todos con sombrero blanco redondo y embozados en un poncho o manta; su instrucción más que regular, pues hacían bien el ejercicio de fusil y maniobras de batallón: pero la disciplina no la conocían; raro era el que sabía hablar castellano; excepto los pocos limeños y de Arequipa que había, todos los demás no sabían si no la lengua índica. No comían en rancho, ni era posible hacerlos a este uso; porque casi todos tenían mujeres o mozas siempre al lado sin podérselas quitar, so pena de desertarse infaliblemente, y quedar disuelto el ejército. Estas mujeres indias y cholas les guisaban a su usanza, papa, chuño y maíz; ellas mismas buscaban esta comida, y la robaban siempre en los pueblos de indios cercanos, cuando el ejército estaba parado, o en aquellos por donde pasaban las tropas, procurando ir siempre delante en las marchas para tener hecha la comida al soldado en el punto de la jornada. El oficial enviaba a su asistente en busca de lo que pudiese robar para comer; o se lo traía la moza del soldado que lo era también suya; y cuando el ejército estaba fijo en algún punto, se separaban a diez o más leguas, de que resultaba que los indios aborrecían más al soldado; y cuando cogían a algunos sueltos, los mataban a palos; en vano era persuadirlos y castigarlos; y en vano también persuadir a los indios de poblados a que trajesen víveres al ejército; todos huían antes que llegaran las tropas, y se llevaban y enterraban cuanto tenían, sin que bastase el ponerles la plata delante, y rogarles el mismo General en persona que acudiesen con víveres. Provisión para el ejército, no la había ni convenía; porque el soldado hecho a robar y a que su mujer le buscase que comer nada tomaba de la provisión, aunque se lo diesen a mitad del precio; y por otra parte no hubiera tenido el Real Erario bastante 31

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