Inglaterra; así como para el esclavo una hora de descanso es una hora de perfecta libertad, para aquellos hombres cuya pluma ha estado encadenada por trabas políticas y anatemas inquisitoriales, una liberación de dichas restricciones fue recibida como posibilidad de una absoluta inmunidad. Las colonias que seguían siendo fieles a la madre patria tuvieron la oportunidad de leer los periódicos, una cosa desconocida en ese entonces, a menos que exceptuemos la gaceta del gobierno; y aunque no aparecieron impresas noticias desfavorables para el sistema español, las descaradas falsedades del viejo documento ministerial fueron controladas en cuanto a sus exageraciones por la aparición de auténtica inteligencia en los nuevos periódicos, y así el público se informó de los acontecimientos que habían ocurrido; se conoció del establecimiento de gobiernos republicanos en México, Chile, Buenos Aires y Colombia —acontecimientos que las antiguas autoridades habrían ocultado, estigmatizando a sus actores con el nombre de bandidos, indios descontentos, pandilleros, traidores, cuatreros y piratas—. Los habitantes de Lima deseaban un cambio en su forma de gobierno tal vez tan ardientemente como cualquier otro americano; y por no haber establecido dicho gobierno, habían sido considerados como un pueblo de cobardes, apáticos y afeminados, y así se los llamaba, pese a que no merecían tales epítetos. Aunque en una causa adversa a sus propios intereses, por muchos años los limeños lucharon contra todas las fuerzas que pudieron ser llevadas al campo de batalla por aquellos a quienes consideraban sus enemigos. Los soldados son instruidos por el precepto y los ejemplos de sus superiores, y rara vez reflexionan sobre lo que está mal; de otra forma la historia no nos ofrecería tantos ejemplos de hombres armados actuando en hostilidad abierta contra sus compatriotas, sus propios amigos y sus padres. En cualquier caso en que una ciudad está protegida por una fuerza militar, los habitantes y los soldados deben someterse a la voluntad de los comandantes. Tal era el estado de Lima: es cierto que muchos soldados eran limeños, pero muchos provenían de diferentes partes del Perú, y casi todos los oficiales eran españoles, y los que no lo eran, estaban bajo sospecha por sus celosos superiores». William Bennet Stevenson (1994, pp. 514-515). En el Perú, el virrey Abascal hizo todos los esfuerzos por acatar pero no cumplir la Constitución. Por ejemplo, reemplazó la contribución indígena por un «donativo voluntario» que los indígenas debían pagar prácticamente obligados por las autoridades locales, y le dio largas a la creación de los ayuntamientos y diputaciones. El marco de estas discusiones y maniobras era, por otro lado, la guerra que el virrey Abascal libraba contra los ejércitos de los patriotas en el Río de la Plata, quienes intentaban liberar la región del Alto Perú (actual Bolivia), que había pertenecido al virreinato del Río de la Plata, pero que el virrey Abascal había logrado salvar de la revolución, al reintegrarlo al Perú. Fue en medio del asedio rioplatense por el sur andino que en la villa 28
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