El aprendizaje de la libertad

eran quienes daban la pauta del castellano y los modales «correctos», mientras la mayoría de los indios no hablaba el castellano ni estaba habituado a las normas de higiene y urbanidad occidentales. Los modernos centros mineros y plantaciones agrarias que surgieron tras la guerra del salitre implicaron la migración de los indios hacia estas unidades productivas, donde eran enrolados como mano de obra o abastecían de alimentos y pequeños servicios a su población. Estos centros se convertirían en lugares de modernización de las costumbres y la cultura de la población nativa. En ellos funcionaban escuelas, bares y comercios. Los indios quedaban expuestos al roce social con los otros grupos étnicos y tendían a adoptar costumbres urbanas en materia de indumentaria y comidas. Los ferrocarriles que, desde 1870, comenzaron a unir las regiones de la sierra con la costa, mejoraron, por su parte, las posibilidades de movilidad de los campesinos. Lo hicieron aún a pequeña escala, tanto por lo elevado de las tarifas, como por lo escaso de las líneas (la única región serrana realmente integrada por el ferrocarril en 1900 era Puno en el sur, y La Oroya, en la sierra central). Además, hacia 1900 las enfermedades que obraban como barreras sanitarias a la movilidad geográfica de las personas aún no habían sido dominadas por la medicina, como lo han dejado ver los estudios del historiador Marcos Cueto. De este modo, el XIX no fue el escenario de grandes cambios sociales. La abolición de la esclavitud no careció de importancia como símbolo de la voluntad de liquidar una era pasada, pero afectaba a un porcentaje reducido de la población nacional. En el momento del cese de la institución, los esclavos apenas sobrepasaban el 1%. Fuera de la llegada de los inmigrantes asiáticos, el hecho más destacable en el campo social fue el ingreso de los mestizos en espacios que en otros siglos les estuvieron vedados, tales como los altos cargos de gobierno, el sacerdocio, la gran propiedad agraria o minera, la práctica de las ciencias y el mundo del arte y la intelectualidad. Los indios, en cambio, no capitalizaron el asentamiento de la república. El siglo XIX comenzó para ellos con la abolición de la mita y del tributo, por obra de las Cortes de Cádiz, y terminó con su exclusión del cuerpo electoral, por obra del Congreso peruano. Parecería que mejor les hubiera ido en manos peninsulares que en las de los criollos de Lima, como bien recelaron en la época de la independencia. El ámbito de la economía fue probablemente el de peor balance, sobre todo si se lo reduce al ámbito cuantitativo. La situación económica hacia 263

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