El aprendizaje de la libertad

departamento de Ayacucho, en la que una movilización de dos mil campesinos tomó la capital de la provincia en setiembre de 1896 y asesinó a las dos máximas autoridades: el alcalde y el subprefecto. Un ejército de la costa debió marchar hasta allá para derrotar a los insurrectos en la batalla de Cerro Calvario. Los rebeldes reclamaban su derecho al trabajo y se quejaban de que el alza del precio de la sal perjudicaría a los ganaderos y a los pescadores. El gobierno hubo de contemporizar y permitió que las comunidades campesinas que dependiesen para su subsistencia de la explotación de las salinas pudieran seguir haciéndolo, y que los pescadores, industriales y pequeños ganaderos pudieran adquirir la sal sin el impuesto, para lo cual se la inutilizaba para el consumo humano, echándole algún colorante o saborizante. Para la reforma fiscal de la posguerra fue importante que el país contase con una primera generación de tributaristas, que fueron algo así como los primeros economistas en el Perú. Entre ellos destacaron hombres como José Payán (inmigrante cubano, responsable de la segunda fundación de la Bolsa de Valores de Lima en 1896), Pedro Dancuart, José Osores, José Rodríguez y Enrique Perla, que fueron la base de una burocracia fiscal indispensable para la constitución de una economía pública moderna; es decir, distinta a la de los estancos heredados de la era del guano. Estos hombres representaban una intelectualidad de nuevo tipo, distinta de los pensadores románticos de antes de la guerra. Se trataba de profesionales imbuidos en las ideas del positivismo, para quienes el mundo funcionaba como un mecanismo de precisión; solo hacía falta descubrir sus «leyes» para poder gobernarlo. Otros representantes destacados del positivismo fueron, por entonces, el matemático e ingeniero Federico Villarreal (Túcume, 1850-Lima, 1923), el sociólogo ya mencionado Joaquín Capelo (Lima, 1852-París, 1925), el médico y fundador de la Sociedad Geográfica de Lima, Luis Carranza Ayarza (Ayacucho, 1843-Lima, 1898) y el filósofo y abogado Javier Prado Ugarteche (Lima, 1871-1921). Gracias a los potenciados derechos de aduana y a los impuestos al consumo el Estado pudo estabilizar sus finanzas, en un escenario en el que aún no podía recurrirse al endeudamiento externo. Entre 1886 y 1898 los ingresos estatales se duplicaron, y entre este último año y 1906 volvieron a duplicarse (véase el siguiente recuadro). La recuperación de la hacienda pública durante la década de 1890 247

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx