El régimen de descentralización fiscal se vio aún más debilitado, cuando en 1905 y 1906 los ámbitos de salud y educación fueron retirados de las competencias de las juntas y concejos departamentales, para pasar a manos del Estado central, empeñado en su programa regenerador de los indios. De forma más nominal que efectiva sobrevivió, sin embargo, hasta 1920, cuando se abolieron las juntas departamentales para sustituirse por unos congresos regionales creados por el Oncenio de Leguía. LOS INGRESOS FISCALES QUE REEMPLAZARON AL GUANO Y EL SALITRE Retirado el ejército de ocupación la única entrada rápida de que disponía el gobierno fueron las aduanas. Estas fueron potenciadas en un sentido fiscalista; es decir, que las tarifas para las importaciones se fijaron en el punto donde se debía alcanzar la máxima recaudación. De ordinario, el nivel fiscalista se alcanza con porcentajes bajos sobre el valor de las mercaderías ingresadas: digamos entre un 10 y 20%; pero las características sociales del Perú hicieron que este nivel se fijase alrededor de un 40%. Esto era así porque los bienes importados, que consistían en ropa, vajilla, instrumentos de fierro, maquinaria, insumos industriales como aceites, papel y pinturas, y algunas bebidas y muebles, tenían un carácter de marcador social cuando se trataba de bienes de consumo, como en el caso de la ropa, las bebidas y los muebles para el hogar. En cuanto a los bienes de producción, estos eran de importación obligada porque no existía una producción interna. Las importaciones eran así altamente inelásticas en relación con el precio, ya por carecerse de producción nacional, o porque disponían de consumidores fieles y dispuestos a pagar altos precios a cambio del estatus social que conseguían mediante el consumo de los bienes europeos. La alternativa a un traje inglés o un coñac francés era una bayeta india o un aguardiente de botija. Los derechos de aduana se vieron complementados para efectos de los ingresos fiscales con la introducción de impuestos al consumo, un tipo de imposición fiscal que el ejército de ocupación enseñó a los peruanos. Para esto se seleccionaba productos que fueran de consumo masivo, a la vez que fáciles de fiscalizar en sus movimientos. Por ejemplo, era importante que su producción estuviera limitada a unos cuantos puntos, como en el caso del azúcar, la sal o el aguardiente. Estos productos, junto con el tabaco, el opio (una yerba consumida por un sector de la colonia china), los fósforos y las demás bebidas alcohólicas, incluyendo las importadas, fueron gravados con impuestos cuya recaudación fue confiada a una 245
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