conexión con las autoridades municipales y departamentales que debían ir visando los procedimientos para hacerse de tierras públicas o baldías. Los ferrocarriles y las nuevas exportaciones agrícolas, pecuarias y mineras prometían aumentar el valor de la tierra. Si algunas élites del interior se arruinaron con la desvalorización del billete fiscal, otras hicieron su «acumulación originaria» en los años que mediaron entre la guerra del salitre y la Primera Guerra Mundial, lo que les permitió ganar tierras y pastos que en los años siguientes incrementarían su precio. En Puno esto llevó a las protestas indígenas que derivaron en el arribo del jurista Alejandro Maguiña en los inicios de 1902, para estudiar los reclamos campesinos. El gobierno de Piérola atenuó el proyecto descentralizador del cacerismo, al abolir la contribución personal en la Navidad de 1895. Como esto recortaba cerca de la mitad de los ingresos departamentales (cierto que más nominales que efectivos), también liberó a los tesoros departamentales de los salarios de los prefectos y subprefectos (los gobernadores tenían el carácter de un cargo pedáneo, es decir, que no percibían salario), que después de todo eran nombrados por el Ejecutivo, y del sostenimiento de las cortes judiciales y el servicio de policía. Ha sido motivo de polémica entre los historiadores si la exención fiscal a los indios los ayudó o más bien los perjudicó. Quienes sostienen lo primero, señalan que aliviarlos de un gasto, dada su precaria economía, fue un importante beneficio. Juzgaron, además, que eximir de impuestos a los indios era un deber moral de la república, por tratarse de una población que prácticamente no percibía servicios del Estado. Los defensores de la contribución indígena señalan que cuando los indios pagaron impuestos de forma directa, tuvieron una mayor capacidad de presión e influencia política. Esto tenía un efecto descentralizador y hacía que la política tomase a los indios en cuenta. Exonerados de contribuir, los indios perdían una herramienta que los integraba al Estado y a la economía. Esta idea se sustentaba en el pensamiento que muchos, como los viajeros citados en el capítulo anterior, tenían acerca de que los indios solo trabajaban movidos por la necesidad y la autoridad. En ellos la diligencia en el trabajo era la consecuencia de la carga fiscal. Libres de la contribución perderían interés en producir; por ende, contraerían su actividad y se sumergirían en una economía de autosubsistencia de bajo nivel. 244
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