Hacienda Casagrande en la costa de La Libertad, hacia 1885. Conducida por inmigrantes alemanes desde 1869, fue uno de los modernos latifundios azucareros que impulsó la bonanza exportadora de inicios del siglo XX. Foto de Ernest Middendorf (1973[1895]). La creación de dicha dirección, el arreglo de la deuda externa y, lo que veremos en el siguiente punto, la reforma del sistema fiscal, buscaron hacer del Estado peruano una entidad creíble en materia de economía pública. Probablemente la gran tarea que dejó a la clase gobernante y la élite social del Perú la derrota de la guerra del salitre fue el replanteamiento de la relación entre ellos: los compromisos fiscales, económicos y de derechos de propiedad pactados entre el Estado y los hombres civiles debían ser creíbles, lo que comenzaba porque debían ser respetados por aquel, incluso si cambiaba el gobierno o las leyes. Uno de los grandes temores de la élite exportadora después de la guerra era el temor a ser expropiados si sus negocios resultaban exitosos, como había ocurrido en el caso del guano, primero, y del salitre después. En 1890 se pactó un acuerdo por el cual el gobierno se comprometía a que las exportaciones no serían gravadas con impuestos por un lapso de veinticinco años. Este fue un hecho decisivo para el despegue de lo que sería el segundo auge exportador de la república, entre 1895 y 1930, que 239
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