como los ferrocarriles, tierras, aduanas y puertos? Los gobiernos de algunas naciones latinoamericanas, como México, manifestaron su preocupación y repudio por lo que veían como una injerencia de una potencia europea en América, una especie de nuevo colonialismo. Entre 1886 y 1889 la polémica por el «Contrato Grace», ocupó un espacio central en la prensa y la opinión pública ilustrada. La Cámara de Comercio de Lima, que agrupaba a lo más destacado de la clase empresarial, la Corte Suprema de la República y la Universidad de San Marcos, dio su respaldo al acuerdo. El escollo más fuerte era el Congreso, donde los grupos opositores controlaban un número importante de votos. Figura descollante fue ahí el diputado José María Quimper, antiguo ministro de Hacienda, quien argumentaba que el monto por pagar debía basarse, no en la cantidad acordada cuando se suscribieron los préstamos, sino en el valor presente de los títulos o bonos de la deuda, que ciertamente estaba por los suelos. Debido a maniobras del Ejecutivo y a sobornos a algunos congresistas consiguieron la aprobación del contrato en los últimos meses de 1889. En virtud de este se creó la Peruvian Corporation, una empresa de los acreedores británicos que recibió desde el primero de enero de 1890 la mayor parte de los ferrocarriles, por un lapso de 66 años; tierras en la región del Gran Perené, en la selva central, hasta por una extensión de dos millones de hectáreas; libre navegación por el Titicaca y la promesa de pago de 33 anualidades de 80 000 libras esterlinas cada una. Hasta hace unas décadas la historiografía consideró este contrato como una de las páginas negras de la historia peruana, por su significado de entreguismo y claudicación frente al imperialismo, pero las evaluaciones de su resultado hoy tienden a ser positivas, y se piensa que los opositores desplegaron una actitud más ideológica que práctica. Los ferrocarriles fueron reparados y concluidos por la Peruvian, comenzando a prestar un servicio útil y de puntualidad británica a los productores del país. Hubo malestar por lo elevado de las tarifas de carga, pero la Peruvian se quejaba, a su vez, de la poca demanda de transporte, de modo que no podía ponerse a cobrar precios altos. Los sectores laneros y mineros fueron los principales beneficiarios, al punto de resultar entre los bienes más destacados de la nueva economía de exportación que se fue configurando en la década de 1890 (véase más adelante, el cuadro 6.2). La entrega de tierras en el Gran Perené se redujo a menos de una cuarta parte de lo pactado, por los pobres resultados que consiguió la Peruvian en esas 237
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