El aprendizaje de la libertad

Anverso y reverso de una libra peruana de oro de 1899. La «cara» de la moneda llevaba el perfil de un imaginario inca Manco Cápac. BCRP. Fotografía de Claudia Álvarez. El patrón oro, y sobre todo la naturaleza metálica de la moneda, con la que el gobierno no podía hacer la trampa de imprimir más billetes de la cuenta para tapar el déficit del presupuesto, trajo una estabilidad de hierro a la moneda nacional. La tasa de cambio entre la libra peruana y la libra esterlina inglesa se mantuvo a la par: uno contra uno a lo largo de más de veinte años, e incluso mejoró durante los años de la Primera Guerra Mundial, al tener que pagarse solo 0.83 libras peruanas por una libra inglesa. Pero esta fortaleza de la moneda nacional afectó el desenvolvimiento de las exportaciones y de la industria nacional. Esta última debió enfrentar la competencia de los bienes importados, que dada la fuerza de la moneda peruana, resultaban comparativamente más baratos, al tiempo que las exportaciones del país eran más caras, lo cual le hizo perder clientes y posibilidades de mayores ventas. Resolver la cuestión de la deuda pública fue un asunto tremendamente complejo, dado su elevado tamaño. La mayor era la deuda externa, cuyo monto era tan grande como cincuenta presupuestos de la república. El monto total era de unos 50 millones de libras esterlinas y solo los intereses de un año superaban el presupuesto nacional, con lo que la deuda era sencillamente impagable; al menos por los métodos normales. Los acreedores eran principalmente súbditos británicos y otros ciudadanos y casas comerciales europeos que habían comprado en las ruedas de bolsa los bonos de la deuda peruana a partir de 1870. Presionaron tanto al gobierno de Chile, como al de Perú, para que se cumpliese con la deuda. Lo que debía hacerse en esta materia fue otro motivo de debate nacional. Algunos, como los pierolistas, pensaban que el gobierno debía 235

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