El aprendizaje de la libertad

acerca de qué hacer al respecto. Los exportadores defendían la vigencia del patrón plata. Primero, porque éramos más productores del metal argénteo que del áureo; segundo y, más importante, porque les convenía mantener el sistema de pagar sus costos con una moneda que se iba devaluando, mientras se cobraba las ventas en moneda que se iba revaluando. Fue sobre la base de esta ganancia extra que los exportadores consiguieron reconstruir el sector durante la posguerra y, especialmente, durante los años de crisis internacional de 1891-1894. Los banqueros y comerciantes volcados al mercado interno, como las casas de importación, preferían que se abandonara el patrón plata y se adoptara el oro, para sintonizar con la corriente mundial. Esto volvería la moneda peruana más estable y las importaciones se abaratarían, lo que era importante también para la emergente industria, que usaba insumos y máquinas importados. Hasta hoy los historiadores económicos discuten si se hizo bien adoptando el patrón oro a partir de 1897, con la creación de una nueva unidad monetaria: la libra peruana (Lp). A raíz de la terrible experiencia del repudio de los billetes por el propio Estado que los había entregado, así como la traumática devaluación de su poder de compra entre 1879-1888, era evidente que no podía volver a imprimirse moneda de papel. La palabra «billete» no pudo siquiera mencionarse hasta la década de 1920, cuando ya habían muerto quienes sufrieron la hiperinflación de la guerra. A partir de 1884, hasta 1922, cuando se creó un Banco de Reserva en el Perú, la moneda nacional fue totalmente metálica. Las libras peruanas eran pequeños discos de oro de 8 gramos de peso, y el «sencillo» eran los soles de plata de una onza, diez de los cuales equivalían a una Lp. No había moneda menuda con que comprar un par de huevos o un kilo de papas, lo que mantenía a la clase popular fuera del mercado. 234

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx