El aprendizaje de la libertad

contribuyentes rurales se mostraron reacios a pagar tributos a personas que no detentaran la autoridad política. Llegados a este punto, la descentralización estaba condenada a profundizarse, o a retroceder. A partir de 1895 las exportaciones mostraron mejores perspectivas, por ello se optó por la segunda alternativa y se procedió a corregir la descentralización fiscal a partir de 1896, en el sentido de hacerla más moderada (tema sobre el que volveremos en el próximo capítulo). La recentralización de 1896 tuvo una reacción importante en el departamento de Loreto, donde en el puerto de Iquitos, en mayo del mismo año, un grupo de comerciantes y jefes militares locales tomaron las oficinas de gobierno proclamando el Estado Federal de Loreto, adscrito a la República del Perú, siempre y cuando esta adoptase el modelo federal, que los rebeldes asumían, era el perseguido por el nuevo gobierno de Nicolás de Piérola. El comercio de Iquitos había crecido con las exportaciones de caucho y las relaciones de los comerciantes y empresarios locales con el gobierno de Lima habían sido tensas desde el inicio de la bonanza cauchera, por la pretensión del gobierno central de imponer a los loretanos el mismo régimen fiscal que al resto de la república, cuando los servicios que recibían eran minúsculos. Las negociaciones entre esta región de la Amazonía y Lima tenían, además, la amenaza latente (aunque nunca manifiesta explícitamente) de la incorporación de aquella al Brasil, país que tenía un régimen federal y de seguro la hubiese recibido con los brazos abiertos. La llegada de fuerzas armadas del gobierno central para someter a los federalistas de Loreto tomó varios meses, tiempo durante el cual la intentona separatista perdió fuerza. Las autoridades brasileñas no parecieron dispuestas a internacionalizar el conflicto ni en el resto del Perú surgieron manifestaciones de adhesión al reclamo descentralista loretano, por lo que, anticipándose al arribo de las tropas represivas, el movimiento optó por disolverse. El Congreso de la República, dominado por los parlamentarios de origen provinciano, correspondió amnistiando a los rebeldes, al argumentar que no había existido ningún derramamiento de sangre ni ánimo de separación territorial por parte de los federalistas, sino solamente una demanda de mayor autonomía, que debía verse como justa, aunque inoportuna. Lima no estaba cómoda con el régimen de descentralización. Las élites del interior le parecían poco dotadas de la civilización necesaria para encarar las tareas de gobierno. La denuncia de los gamonales como 227

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