No hablo, señores, de la ciencia momificada que va reduciéndose a polvo en nuestras universalidades retrógradas: hablo de la Ciencia robustecida con la sangre del Siglo, de la Ciencia con ideas de radio gigantesco, de la Ciencia que trasciende a juventud y sabe a miel de panales griegos, de la Ciencia positiva que en solo un siglo se aplicaciones industriales ha producido más bienes a la humanidad que milenios enteros de Teología y Metafísica. Hablo, señores, de la libertad para todos, y principalmente para los más desvalidos. No forman el verdadero Perú esas agrupaciones de criollos y extranjeros que habitan la faja de tierra situada entre el Pacífico y los Andes; la Nación está formada por los dos o tres millones de indios diseminados en la banda oriental de la cordillera. Trescientos años ha que el indio rastrea en las capas inferiores de la civilización, siendo un híbrido con los vicios del bárbaro i sin las virtudes del europeo: enseñadle siquiera a leer y escribir, y veréis si en un cuarto de siglo se levanta o no a la dignidad de hombre. A vosotros, maestros de escuela, toca galvanizar una raza que se adormece bajo la tiranía del juez de paz, del gobernador y del cura, esa tiranía embrutecedora del indio». Manuel González Prada (2009, pp. 54-55). Al año siguiente, la escritora cuzqueña Clorinda Matto publicó Aves sin nido, una novela en la que se denunciaba la situación del indio en el medio rural, sujeto a la expoliación de lo que González Prada llamó la «trinidad embrutecedora» de esa raza, compuesta por el cura, el hacendado y el tinterillo. El filósofo Jorge Polar, en 1905, negó que los indios compusiesen una «raza ineducable». Con ellos debía practicarse la «autogenia», una filosofía predicada por Francisco Graña, quien en 1908 publicó un libro sobre la población en el Perú. La autogenia se enfocaba en mejorar las características de las razas nativas, sobre la base de invertir en su salud, nutrición, higiene y urbanidad. Parte importante de esta última era la educación. Enfermeros y maestros conseguirían la regeneración de los indios y, en consecuencia, permitirían su contacto con la cultura criolla y su cruce con las otras razas. 218
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