a uno de sus hijos como ahijado, una práctica muy común entre los indios y los mistis del interior. Los demás alcaldes de los pueblos de indios del Callejón de Huaylas consideraron esto una traición, más aun cuando la contribución personal, que inicialmente había sido abolida, fue nuevamente repuesta. A su vuelta a Marián lo invitaron a un banquete donde le dieron a beber una copa envenenada. Otras versiones dicen que murió atacado por el tifus, una enfermedad que por entonces hacía estragos en la sierra (véase el siguiente recuadro). La experiencia indígena del Estado republicano Los alcaldes de los pueblos indios del Callejón de Huaylas presentaron un memorial al presidente Andrés Cáceres, el 24 de marzo de 1887, en el cual pedían la supresión de la contribución personal. El redactor de la petición realizó un recuento de lo que había significado la historia de la república en dicha región: «Todo gobierno que ha luchado por sostenerse en el poder, como todo caudillo que ha trabajado por derrocarlo, ha decretado, prevalidos de la fuerza la leva de hombres libres, arrancándolo de su hogar, de los brazos de una amante esposa y de los de sus tiernos hijos, llevándolos maniatados y mancomados, como animales feroces, de dos en dos, para incorporarlo, por la fuerza, bajo pena de la vida, de crueles palos o de infamantes azotes, para servir de máquinas inconscientes para el logro, casi siempre, de criminales proyectos, no teniendo otro modo de sustraernos de este inicuo secuestro, que el dinero o especies con los que hemos comprado siempre nuestra libertad, conformándose a toda suerte de crueldades y a una larga prisión el indígena que carecía de recursos para comprar su rescate […]. Esta es la historia de la libertad indígena en sus relaciones con la política militante del país y esta es la protección que el Estado y los gobiernos y revoltosos han dispensado al derecho de la libertad indígena. ¿Se habrá curado este mal en el Perú, E.S.? Aún no lo sabemos […]. Respecto al derecho de propiedad indígena, ¿qué diremos E.S.? Desde la Independencia, nuestros exiguos bienes de fortuna, el fruto del sudor de nuestro rostro, los pocos animales criados para nuestro sustento y labranza han sido arrebatados inhumanamente por los trastornadores del orden o por sus seudo defensores, sin que haya habido un solo caudillo ni un solo gobernantes que se haya compadecido de nuestra suerte. Tal es la historia, tratada a grandes rasgos, de la propiedad indígena, en sus relaciones con los gobiernos y con los enemigos de estos; y tal la protección que unos y otros le han dispensado […]». Citado por Mark Thurner (2006, pp. 266-267). Rebeliones como esta, que en menor medida sucedieron en otras localidades a lo largo del sexenio bélico de 1879-1885, llamaron la atención de la élite del país acerca de lo que pasó a llamarse «el problema indígena». Hubo una polémica respecto de si habían sido los indios los 215
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