El aprendizaje de la libertad

desbordó, hasta alcanzar, a los ojos de la élite de la época, las características de una guerra de razas, como en los tiempos de Túpac Amaru. Los trabajos de «república» eran una especie de jornadas laborales que los campesinos indios eran obligados a realizar a favor de las villas de los mestizos y la gente blanca. Consistían en el barrido de sus calles, la limpieza de la cárcel o del mercado, prestar el servicio de chasquis o correos, o ayudar a perseguir y capturar abigeos, bandoleros u otro tipo de delincuentes. Este tipo de faenas no se exigía en la costa, donde las municipalidades y subprefecturas disponían de un presupuesto para contratar personal. En las provincias de la sierra ni había presupuesto (desde que terminó la era del guano, Lima dejó de remesar partidas) ni personas que alquilasen su trabajo. La rebelión de Huaraz fue dirigida por el alcalde de Marián, una aldea indígena al este de dicha ciudad, llamado Pedro Pablo Atusparia. Este era hijo de una empleada doméstica que tuvo la suerte de tener el apoyo de la familia misti para la que trabajaba, para que su hijo pudiese estudiar como interno en un colegio. Atusparia luego se marchó al pueblo de Marián con unos padres adoptivos, donde destacó rápidamente por su formación letrada. En 1885, en el contexto de la guerra civil entre Iglesias y Cáceres, Atusparia fue el encargado de presentar al prefecto Francisco Noriega, junto con otros alcaldes de los pueblos indios, la carta con las demandas. Noriega tuvo que salir de la ciudad y dejó al mando al subprefecto José Collazos, quien detuvo y mandó azotar a Atusparia para que confesara quién era el autor real de la carta (se sospechaba que podría haber sido el anterior prefecto, del partido cacerista; Noriega era hombre de Iglesias). Los campesinos protestaron delante de la prefectura y exigieron la libertad de Atusparia y de los demás alcaldes que también habían sido apresados. Finalmente Collazos los liberó, no sin antes cortarles las trenzas que llevaban como símbolo de autoridad; este era un castigo humillante que se aplicaba en la época de la Colonia. Este hecho fue la gota que rebalsó el vaso de la paciencia campesina. Bajo el mando de un trabajador minero, Pedro Cochachín, miles de campesinos asaltaron la ciudad y arrasaron con los comercios y las viviendas de sus moradores. Por el puerto de Casma desembarcaron tropas de Lima para someter a los rebeldes. Atusparia fue apresado y trasladado a Lima, donde Cáceres, una vez elegido presidente, lo hizo liberar, como una señal de reconciliación entre los blancos y los indios. Atusparia visitó luego a Cáceres y le entregó 214

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