El aprendizaje de la libertad

Cuando llegaba el fin de su mandato, se pensaba que el candidato oficial del Partido Demócrata sería Guillermo Billinghurst (Arica, 1851-Iquique, 1915), un antiguo empresario salitrero de Tarapacá, quien después de la muerte de Dreyfus había financiado varias campañas de Piérola, pero este recelaba de las ideas radicales y anticentralistas de su correligionario y prefirió al ingeniero arequipeño Eduardo López de Romaña (1847-1912), cuya exquisita educación en Inglaterra y su formación técnica presagiaban a una figura más favorable para la clase propietaria y el civilismo. No se equivocaron. Una reforma importante emprendida por el gobierno de Piérola fue el intento de profesionalizar al ejército, para lo cual lo desactivó como actor político y mejoró su disciplina y capacidad de maniobra. Para el efecto se contrató, desde 1896, una misión francesa dirigida por el general Paul Clément. Se abrieron academias para los oficiales (origen de la actual Escuela Militar de Chorrillos), donde se les impartiría una enseñanza científica de la guerra. Los egresados más destacados eran enviados a Francia para seguir cursos de especialización. Uno de los productos de esta nueva formación fue Óscar Benavides, quien a partir de 1914 reemplazaría a Cáceres en el papel de portavoz de los uniformados. Una reciente tesis realizada por el historiador David Velásquez Silva encontró que la reforma militar de Piérola fue importante para despersonalizar el reclutamiento de los oficiales de las fuerzas armadas, que antes había estado en manos de los propios jefes militares, que escogían solamente a sus adeptos políticos o a sus familiares. También fue efectiva en reducir el poder discrecional de los jefes para sancionar las inconductas, presuntas o reales, de sus subordinados, al dictar en 1898 un Código de Justicia Militar, inspirado en el símil francés. La reforma militar estableció la conscripción obligatoria como forma de reclutamiento de los soldados. El servicio militar pasó a ser un deber cívico de la población masculina. La práctica haría que dicho deber sea solamente aplicado a la población indígena, supuestamente la más necesitada del rol civilizador adjudicado a dicho servicio. La reforma militar no consiguió todo lo que se propuso. A lo largo del siglo XX los coroneles siguieron ascendiendo a presidentes (Benavides el primero), pero durante las primeras décadas de la centuria se consiguió que su intervención fuera menos frecuente de lo que había sido en el pasado y que, en cualquier caso, ella fuera cobrando un carácter de accesoria; esto es, que el ejército intervenía solo cuando los partidos o fuerzas políticas no 212

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