El aprendizaje de la libertad

pesos. Sobre la primera no hubo mayor discusión, puesto que el hecho de estar los representantes peruanos sentados en la mesa implicaba su aceptación de esta entrega. Sobre la segunda, el acuerdo final fue que Tacna y Arica pasarían a Chile por diez años, como garantía del cumplimiento del tratado, después de los cuales un plebiscito decidiría su destino final. El vencedor del plebiscito indemnizaría al perdedor con diez millones de pesos plata (vale decir, no en billetes, sino en moneda de plata). Lavalle luego sostendría que haber conseguido que la entrega de Tacna y Arica no sea a perpetuidad, sino que se conservase la esperanza de que volvieran a ser peruanas, fue un triunfo de la diplomacia de los vencidos. Si así fue, le faltó astucia para retirar la cláusula de los diez millones de pesos, puesto que la dificultad que tuvo el Perú para reunirlos dio motivo a Chile para rehusar el cumplimiento del plebiscito durante cuarenta años. Los demás puntos del acuerdo tuvieron que ver con el reconocimiento por parte del gobierno de Chile de los certificados salitreros emitidos por el gobierno peruano a favor de los dueños de las oficinas expropiadas a partir de 1875. Chile se negaba a asumir el pago de la cuantiosa deuda externa peruana contraída con la garantía del guano y del salitre, pero fue luego presionado por los países europeos para que reconociese los certificados emitidos por el gobierno peruano, puesto que sus tenedores eran en su mayoría ciudadanos de dichas naciones. Por lo demás, el gobierno de Chile se desligó en el tratado de toda obligación con la deuda pública peruana. El Perú debería pagar, en cambio, una indemnización de guerra consistente en un millón de toneladas de guano, para lo cual las autoridades chilenas ocuparían los yacimientos hasta completar la extracción. También en este caso hubo después una presión de los acreedores de la deuda, que llevaron al gobierno chileno a compartir por mitad las ganancias de la venta de guano con ellos. La paz de Ancón fue firmada el 20 de octubre de 1883 en dicho balneario. Implicó que el Estado peruano perdiese las bases de su economía. En la medida en que la riqueza de la oligarquía económica también se había nutrido de la explotación del guano y del salitre, quedaba asimismo mellada, debiendo volver los ojos hacia otros renglones de la producción o el comercio. Los habitantes peruanos de las provincias que pasaron a manos de Chile fueron también sacrificados, puesto que era previsible que serían hostilizados por su nuevo anfitrión, quien en los años siguientes trató de repoblar dicho territorio con su propia gente. 199

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