El aprendizaje de la libertad

pantomima de su gobierno en el palacio de La Magdalena y luego lo deportó a Santiago. Las fuerzas invasoras montaron un sistema de cupos e impuestos a fin de que los costos de la ocupación recayesen sobre la economía ocupada y no sobre las arcas públicas chilenas. La clase propietaria mejor conectada consiguió esquivar este mecanismo haciendo que el Estado asumiera la deuda; para esto se tomó dinero de préstamos en el exterior ya concedidos, cuyos fondos no habían sido remitidos por la situación bélica. Quienes no tuvieron esa suerte debieron transferir su patrimonio a propietarios extranjeros, que no podían ser obligados por los chilenos a pagar cupos, ya que estaban protegidos por sus consulados. No obstante, en otros casos, como el de la familia Pflücker (de origen alemán) en Morococha, no hubo más remedio que pagar dichas «cuotas», que traían consigo una importante descapitalización. Para confeccionar la lista de los tributarios, los jefes chilenos se valían de diversos métodos, como la observación de las propiedades o negocios, o la colaboración de nativos que podían conocer bien quiénes eran los adinerados locales. La división social y política reinante en el país hacía fácil dar con estos colaboradores. Así pues, echar a los enemigos en manos de los chilenos fue una forma de desquite. Por su parte, los impuestos de aduanas fueron modificados, buscando aumentar sus ingresos, a la vez que favorecer a los productos chilenos. También se gravó la comercialización de algunos bienes de consumo masivo entre los peruanos, como el arroz o el azúcar. Templos religiosos, bibliotecas y gabinetes universitarios y mobiliario público fueron objeto de saqueo por parte del ejército chileno, que trasladaron a su país colecciones de libros, documentos, estatuas, máquinas de imprenta y animales exóticos, entre otros bienes. Los historiadores Milton Godoy y Carmen McEvoy, chileno y peruana, respectivamente, han documentado la incautación de estos bienes culturales en diversos estudios. LA RESISTENCIA SERRANA En líneas generales, las fuerzas de ocupación se mantuvieron en la costa, con algunas incursiones a lugares claves de la sierra, donde pudieran pillar alguna riqueza o sofocar posibles focos de contraataque. Durante estas incursiones sufrieron el hostigamiento de los guerrilleros organizados por Andrés Cáceres, quienes les causaron diversas bajas, la más sensible ocurrió en Concepción. Donde fue masacrada una columna completa de 77 soldados entre los días 9 y 10 de julio de 1882. Al día siguiente las fuerzas 193

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