El aprendizaje de la libertad

y a la de varios gobiernos, como los de Costa Rica, Panamá, Ecuador y Argentina, lo que sí consiguió el gobierno de Piérola fue adquirir rifles y municiones que surtieron a los defensores de la ciudad. La batalla para la toma de Lima comenzó el 13 de enero de 1881 en las pampas de San Juan de Miraflores, con el ataque chileno a las líneas de defensa, y terminó dos días después, con el desbande y el repliegue de los peruanos. Ocurrieron entonces escenas de descomposición social que impresionaron a los observadores extranjeros: los reservistas que no habían llegado a entrar en acción comenzaron a saquear los establecimientos de los comerciantes chinos, aprovechando la falta de policía y la convulsión social. El saqueo fue luego continuado por los soldados invasores, quienes dejaron el balneario de Chorrillos en escombros. Episodios semejantes ocurrieron en otros puntos de la costa peruana, como Cañete, donde los trabajadores y comerciantes chinos fueron objeto de saqueos, linchamientos y hasta de crueles asesinatos, a manos de pobladores locales que parecían redimir en ello siglos de maltratos o de frustraciones (véase el siguiente recuadro). Araucanos sí, quechuas no Carta del escritor Ricardo Palma a Nicolás de Piérola, presidente del Perú, Lima, 8 de febrero de 1881: «En mi concepto, la causa principal del gran desastre del 13 [de enero, día de la batalla de San Juan, a las afueras de Lima] está en que la mayoría del Perú la forma una raza abyecta y degradada, que Ud. quiso dignificar y ennoblecer. El indio no tiene el sentimiento de la patria; es enemigo nato del blanco y del hombre de la costa y, Señor por Señor, tanto le da ser chileno como turco. Así me explico que batallones enteros hubieran arrojado sus armas en San Juan sin quemar una cápsula. Educar al indio, inspirarle patriotismo, será obra no de las instituciones, sino de los tiempos. Por otra parte, los antecedentes históricos nos dicen con sobrada elocuencia que el indio es orgánicamente cobarde. Bastaron 172 aventureros españoles para aprisionar a Atahualpa, que iba escoltado por cincuenta mil hombres, y realizar la conquista de un imperio cuyos habitantes se contaban por millones. Aunque nos duela declararlo, hay que convenir en que la raza araucana fue más viril, pues resistió con tenacidad a la conquista». Ricardo Palma (1964, pp. 13-14). En estricto orden y con los uniformes impecables ingresaron oficialmente los chilenos a Lima el 17 de enero, vísperas de un aniversario más de su fundación. Aunque se trataba de un hecho doloroso, la clase 190

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