El aprendizaje de la libertad

El fracaso de las conversaciones de Lackawanna llevó a Chile a planear la ocupación de Lima, a fin de obligar al Perú a entregar Tarapacá formalmente. En vísperas de la Navidad de 1880 desembarcó en las playas de San Bartolo, 60 km al sur de Lima, un formidable ejército enemigo compuesto de quince mil hombres. Un mes antes había desembarcado una fuerza de 8800 hombres en Pisco y otros 3500, poco después. Ante semejantes números, las fuerzas peruanas no se sintieron capaces de oponerse a los desembarcos. El coronel Anselmo Zamudio, con sus tres mil hombres, se retiraron de Pisco sin ofrecer resistencia. Incapaces de atajar los desembarcos, los peruanos decidieron atrincherarse en las afueras de Lima. Impresiones de un reservista Las «Impresiones de un reservista» publicadas por Manuel González Prada (18441918), treintaicuatro años después de los acontecimientos, han transmitido una imagen, probablemente exagerada por su antipierolismo y un estilo literario dado a la amargura y a una interpretación tragicómica sobre la peruanidad, pero que no deja de ser realista y veraz. Dio cuenta el escritor de cómo mientras la invasión de Lima era una amenaza aún futura e imprecisa, los jóvenes salían a los ejercicios y marchas en las avenidas, no con gran emoción, pero sí con puntualidad y esmero, pero que producido el primer desembarco chileno en Pisco, los ánimos cambiaron y hubo que entrar a las casas a sacar a los reservistas de debajo de sus camas, defendidos por aguerridas y heroicas esposas, escoba en mano. Comerciantes, obreros, terratenientes, sirvientes, hombres de negocios, campesinos e incluso intelectuales como González Prada, fueron conducidos a las afueras de Lima a defender los baluartes y reductos que, a modo de un collar de dos vueltas, fueron instalados para proteger la ciudad fundada por un grupo de conquistadores españoles cuando en la nación de donde provenía el ejército enemigo no había ocurrido ni el menor principio. Se ha criticado la táctica militar de Piérola, de confiar la defensa de Lima a líneas de reductos que, por extensas, eran débiles y fáciles de romper en varios puntos, en vez de acosar al ejército invasor en los puntos de desembarco y presentarle batalla al pie de sus navíos. Pero los cañones de sus barcos fácilmente hubieran hecho estragos en el ejército defensor, e imposibilitados de transportar hombres y armas por la vía marítima, no había, a través del desierto costeño, forma de movilizar rápidamente los recursos como respuesta a un desembarco enemigo. Lima estaba condenada, así, a esperar inmóvil al enemigo. Gracias a la colaboración de la casa Grace (cuyos fundadores habían comenzado su fortuna en el Perú) 189

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx