El aprendizaje de la libertad

de la caña, grandes edificios que ocupaban los talleres, treinta y seis casas para empleados, hechas de fierro y madera, construidas en los Estados Unidos. La casa era un verdadero palacio, ricamente amueblado, tenía una casa de pailas y maquinaria valiosísima para la elaboración del azúcar, numerosos establos con gran cantidad de caballos de pura sangre, entre ellos un potro que costó en Inglaterra 1500 libras esterlinas, hijo del famoso Gladiator. El ingenio de arroz estaba también dotado de buenas casas y de excelentes bodegas. Los principales edificios fueron construidos en 1876. Apenas hubo desembarcado Lynch en esta población pacífica y floreciente, intimó el pago de una contribución de 100 000 pesos. Esta suma se debería pagar en el término perentorio de tres días, so pena de destruir por el fuego y la dinamita aquel gran establecimiento. El alambique, los trapiches, los calderos, todo fue quemado y destruido. La casa con su rica mueblería, grandes espejos, bibliotecas, pianos, cuadros, todo se convirtió en una inmensa e inextinguible hoguera. Los cañaverales quedaron reducidos a una vasta superficie calcinada. Solo se salvaron los animales de lujo y las principales obras de la escogida biblioteca que enviaron a bordo a título de botín de guerra. Después demolieron el riquísimo ingenio de San Nicolás, propiedad del señor Laos, con todos sus edificios y maquinarias. Los chilenos no pudieron transportar un rebaño de 500 ovejas, las mataron a palos y a culatazos en la playa de Supe. En 1879 los valles del Norte del Perú produjeron 80 000 toneladas de azúcar; y en el corto tiempo que transcurrió desde setiembre 10 hasta noviembre 10 de 1880, la expedición Lynch destruyó esta productiva industria. Después de haber terminado aquí su obra de destrucción se embarcó para Paita, en donde se repitieron las mismas escenas de depredación, pillaje, robo e incendio». Clements Markham (1941, pp. 361-362). Los propietarios se veían entre dos fuegos, puesto que si pagaban los cupos eran acusados de colaboracionismo con el enemigo por el gobierno de Piérola. Parecía entonces que debía haber interés en los peruanos por dar por terminada la guerra, a pesar de que esto implicaba cargar con un costo. En la fragata Lackawanna de los Estados Unidos, en reposo en Arica, conferenciaron tres días de octubre de 1880 los representantes de los tres países. No se llegó a un acuerdo, porque Perú y Bolivia no aceptaron la condición de Chile para terminar la guerra: la entrega definitiva y perpetua a su país del litoral boliviano y de Tarapacá; vale decir, de los yacimientos de salitre. Chile exigió además veinte millones de pesos como compensación de guerra y la entrega de Moquegua, Tacna y Arica mientras durase el cumplimiento de todas las condiciones, una de las cuales incluía la devolución de los bienes expropiados a los chilenos 187

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