Coronel Francisco Bolognesi y sus oficiales antes del sacrificio del 7 de junio de 1880, cuando se libró la batalla del Morro. Archivo fotográfico CEHM. Con la caída de Tarapacá, Tacna y Arica, la suerte de la guerra parecía decidida a favor de Chile. Bolivia se retiró de la contienda. La diplomacia norteamericana trató de mediar en el conflicto e invitó a los representantes de Perú y Chile a un arreglo que concluyera con las hostilidades. Después de la batalla de Arica las fuerzas chilenas se habían dedicado a «expedicionar» (un verbo de uso frecuente entre los militares del siglo XIX) a lo largo de la costa peruana y, en ese contexto, impusieron cupos a los hacendados azucareros y algodoneros, bajo la amenaza de destruir sus propiedades, como ocurrió con la hacienda Palo Seco, en Áncash, de don Dionisio Derteano (véase el siguiente recuadro). La expedición Lynch «En los primeros días del mes de setiembre [de 1880] la expedición se hizo a la mar, iban en pos de vergüenza y de ignominia. Constaba de 2230 hombres procedentes de todas armas, acondicionadas en dos vapores. Salieron de Arica el día 4 y el día 10 anclaban en Chimbote. Cerca de este puerto estaban las haciendas de Puente y Palo Seco, propiedad de don Dionisio Derteano. Había aquí ferrocarriles para transporte 186
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