secreto, una copia llegó a manos de Chile) la dirigencia chilena le espetó que no se podía ser aliado de Bolivia y mediador al mismo tiempo. Si el Perú no declaraba inmediatamente su neutralidad sería considerado país beligerante. El 3 de abril de 1879, después de permanecer un mes en Santiago, Lavalle fue despachado de vuelta a Lima con el mensaje de declaratoria de guerra al Perú. En Lima, la opinión a favor de ir a la guerra había aumentado a lo largo del verano. De un lado, porque no se podía permitir la ocupación del litoral boliviano por la fuerza sin que el Perú hiciese algo; se sabía que, de no hacer nada, el siguiente territorio en ser invadido sería el de Tarapacá. La ganancia que obtendría quien se adueñase, él solo, del salitre era tan grande, que la guerra resultaba casi inevitable. GANA QUIEN MUEVE EL DINERO MÁS RÁPIDO La primera fase del conflicto fue enteramente naval. Como el escenario bélico era un desierto apartado respecto de las regiones colonizadas de los países, había que trasladar tropas y bastimentos por vía marítima, de modo que quien dominase el mar se convertiría en el dueño de la situación. El Perú tenía cuatro barcos blindados que hubieran sido una fuerza temible en la década anterior, pero ya no lo eran. Dos de ellos (los monitores Manco Cápac y Atahualpa) estaban en tan malas condiciones que solo pudieron funcionar como baterías flotantes para la defensa de los puertos del Callao y Arica. Quedaban expeditos solo la fragata Independencia y el monitor Huáscar, que ingresaron de inmediato a los talleres para ponerlos en las mejores condiciones. Chile tenía solo dos barcos blindados, pero eran más modernos y con cañones de mayor alcance que los peruanos. La superioridad de Chile era asimismo mayor entre las corbetas de madera, puesto que disponía de una media docena de ellas, contra solo dos del Perú (la Unión y la Pilcomayo). Como en toda guerra, gran parte del resultado se decidió en la competencia por agenciarse recursos económicos. La guerra civil en los Estados Unidos y la guerra franco-prusiana de 1870 habían demostrado que las conflagraciones modernas ya no se ganaban con sables y caballos, sino con armas de fuego. El país que consiguiese dinero para movilizar más rápidamente fusiles y cañones sería el triunfador. Al poco de declarada la guerra el Perú envió a Europa la misión Rosas-Goyeneche con el propósito de conseguir, al precio que fuese, un préstamo que permitiese la compra de armamento. El contexto era, sin embargo, el peor. El Perú 175
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