Aunado a los bajos salarios pagados tanto en las haciendas más modernas como en las minas, esto retrasó el desarrollo en la sierra de mercados grandes para alimentos y manufacturas». Rory Miller (2011, pp. 241-243). Pero incluso en estos lugares el tráfico en los primeros años fue escaso, al punto que las locomotoras ni siquiera podían justificar realizar viajes diarios. A partir de 1876 se consignó en el presupuesto de la república como ingresos de los ferrocarriles la suma de 600 000 soles por año. Los gastos de la construcción habían demandado unos 132 000 000 de soles, de modo que la rentabilidad de la obra era tan baja como el 0.5%, contra una tasa de interés de los préstamos del 6%. Aunque interesante como obra de ingeniería y tal vez políticamente justificada por sus metas de integración social, los ferrocarriles fueron financieramente un tremendo fracaso. Una inversión más interesante aunque menos vistosa, que en parte era complementaria del ferrocarril, fue el tendido de redes de telegrafía. Mediante el uso de la clave morse se podían transmitir impulsos eléctricos que se traducían luego en letras y palabras, lo que permitía comunicar pequeños mensajes a cientos o incluso miles de kilómetros de distancia, en el lapso de solo unos minutos. Los telegramas fueron una pequeña revolución en el mundo desde los mediados del siglo XIX. Las noticias de Europa que antes demoraban semanas, sino meses, podían conocerse ahora en pocos minutos. El Perú instaló la primera línea de telegrafía (un cable eléctrico que transmitía los impulsos) entre Lima y el Callao en 1857. Poco después se tendió otra línea entre Lima y Cerro de Pasco. En 1867 el empresario Carlos Paz Soldán consiguió la concesión para tender más líneas telegráficas dentro del Perú, pero su contrato fue anulado en la década siguiente a raíz de los pocos progresos que consiguió. Después de la guerra del salitre sería un servicio manejado por el propio gobierno. Para 1878 se habían tendido 2525 kilómetros de cable telegráfico en el país (que era un poco más que los 1964 kilómetros de ferrocarril existentes). El telégrafo se complementó con el cable submarino que empezó a ser desarrollado aproximadamente por los mismos años. Gracias a ello, en la década de 1870 un minero de Pasco podía conocer, con diferencia de solo unos minutos, cuál era el precio de la plata en Londres. La carencia de elasticidad en el mercado de insumos, capitales y mano de obra hacía, sin embargo, que de poco le sirviera este dato. En este sentido, el telégrafo sirvió para poner en evidencia el contraste entre las 165
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