El aprendizaje de la libertad

las amenazas de embargos y hasta prisiones, que tensan la relación del gobierno con la población. Esto hace que en la práctica sean los gobiernos siguientes y no el propio quien disfrute de la reforma tributaria. Por eso se entiende, al menos en parte, que en 1873, Pardo, desdiciéndose de toda su prédica previa en torno a la superioridad del impuesto sobre la renta patrimonial como vía de ingresos fiscales, estableciera el estanco del salitre como el principal remedio para la crisis fiscal. El salitre venía exportándose desde 1830, aunque en cantidades muy pequeñas. Sus yacimientos estaban situados al sur de Arica, en la provincia de Tarapacá, en una larga faja desértica que miles de años atrás había estado cubierta por el mar. El calor del desierto había petrificado las sales marinas que habían penetrado la arena en la forma de nitratos, de modo que excavando una profundidad de aproximadamente un metro podía accederse a los caliches, que una vez lavados y hervidos permitían recuperar los nitratos y el yodo. El salitre se había explotado desde la época colonial para fabricar explosivos como la pólvora y para otros usos diversos, que incluían la fertilización del suelo. El terrible terremoto del 13 de agosto de 1868, que destruyó las ciudades de Arequipa y Arica (véase el siguiente recuadro) fue, sin embargo, el detonante de la bonanza de sus exportaciones (véase gráfico 4.1). El gran terremoto del sur: 13 de agosto de 1868 Esta catástrofe afectó toda la costa sur, entre Ica e Iquique. Las ciudades de Arequipa, Tacna y Arica resultaron entre las más afectadas. El testimonio de Ephraim Squier refiere lo siguiente: «El número de muertos en Arica se estima en alrededor de cuatrocientos, la mayoría a causa de la gran ola que barrió la ciudad. La mayor parte de ellos fueron saqueadores que se esparcieron entre las ruinas luego del primer sacudón, o personas avaras que volvieron a buscar sus enseres valiosos. Vale la pena darse cuenta que en todo lugar de Perú y Ecuador el terremoto, en vez de aterrar a los criminales, rateros y ladrones, parece haberles dado renovada audacia y diligencia. La hecatombe y la ruina incitaron y desarrollaron la criminalidad latente y la rapiña y el asesinato hicieron su agosto en los restos de ciudades y a expensas de los cuerpos mutilados de las víctimas. […] Se estima que las pérdidas de bienes en Arica ascienden a varios millones de dólares. Como no era solamente el puerto de Tacna sino también de una gran parte de Bolivia, la cantidad de mercaderías extranjeras allí almacenadas, incluyendo cantidades de lana de alpaca, minerales y cascarilla de quina venida del interior era bastante elevada. Todo esto se perdió. El propietario de la bodega más grande a la cual se vinculaba una destilería, cuando regresó al lugar de la catástrofe, fue incapaz 156

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