europeos. El consignatario guanero y político liberal Manuel Pardo representó una postura ecléctica en este debate; manifestó así en uno de sus escritos: «Si hemos tocado por vía de episodio la inmigración asiática en este artículo, es precisamente con el objeto de patentizar que la inmigración asiática y la inmigración europea son de naturaleza completamente diferente una de otra, llamadas cada una de ellas a desempeñar distintos fines y que, por consiguiente, no pueden entrar en paragón, como han pretendido varias personas que se propusieran impedir a todo trance la realización de la inmigración vascongada en el Perú. Destinada la primera, esto es la asiática, a llenar el vacío que se observa en nuestro litoral de trabajadores agrícolas, es decir, de hombres a gajes de jornaleros, el sello característico de la segunda es la propiedad o por lo menos la locación de terrenos que es necesario conceder al inmigrante europeo para conseguirle terrenos que él cultive y de cuyos productos participa el propietario, no a título de patrón del emigrado sino únicamente a título de propietario del terreno. Así, pues, el emigrante asiático es el jornalero ligado por cierto número de años a una persona, en tanto que el colono agrícola europeo no es ni puede ser otra cosa que el arrendatario de un terreno por tal número de años». Manuel Pardo (2004, p. 147). Detalle de la acuarela «Cerro de San Francisco y hacienda de Morococha», pintada por Antonio Raimondi, donde se aprecia, abajo en el lado derecho, la hacienda mineral creada por el empresario alemán Carlos Renardo Pflücker, 1861. Raimondi (2006). Un suceso similar al de Morococha ocurrió en un fundo de la costa norte, Talambo, en 1863. Un grupo de trabajadores vascos fue atacado por 134
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