amarga experiencia de stocks sin vender que hubieron de rematar a precios bajísimos, que el mercado peruano era diminuto y se saturaba rápidamente. A partir del guano dicho mercado seguía siendo pequeño, pero gozaba de una mayor capacidad de absorción, como puede observarse en el gráfico de las importaciones, en el capítulo anterior (véase gráfico 2.2, página 105). Con el dinero del guano empleado en la consolidación de la deuda interna y la manumisión de los esclavos en la década de 1850, y con las ganancias de los consignatarios peruanos del guano del decenio siguiente surgió una nueva élite económica y financiera en el Perú. En un libro, que ya es un clásico de la historiografía peruana del siglo pasado, Guano y burguesía en el Perú (1974), su autor, Heraclio Bonilla se preguntaba por qué esta oligarquía no se transformó en burguesía; vale decir, en una clase empresarial que impulsase una revolución industrial en el Perú y apoyase, asimismo, una transformación social que hiciese de los indios, ciudadanos y activos compradores de bienes en un mercado capitalista. Su respuesta fue que la mentalidad colonial de dicha oligarquía impidió esa mutación, pues orientó a la nueva élite a la especulación financiera (fundaron bancos que prestaban dinero a los comerciantes y al propio gobierno, en las frecuentes coyunturas de penuria fiscal, al atrasarse los pagos del negocio del guano), el consumo ostentoso y, por último, la expatriación de capitales. Shane Hunt añadió a ello la mentalidad rentista que transmite una economía basada en la explotación de los recursos naturales. Con la experiencia del guano los peruanos habríamos asimilado la idea de que la riqueza, antes que del esfuerzo y la inversión, proviene del azar de tener los recursos naturales favorecidos en ese momento en el mercado y, personalmente, de saber colocarse en el punto correcto en el que uno puede apropiarse de dichos beneficios antes que otros. Exploró también el efecto que los economistas han bautizado como «la enfermedad holandesa», que suele ocurrir en las economías en las cuales a un sector o determinada producción, especialmente cuando es de recursos naturales que se exportan, le va muy bien. Entonces, de acuerdo con el modelo del «mal holandés», a todo el resto le irá muy mal, con lo cual la economía perderá diversidad y se volverá más precaria y dependiente de un solo producto. Esto pasa porque el sector boyante eleva los precios de ciertos factores importantes para el desempeño de la economía, como el del capital y la mano de obra. Los sectores distintos al sector afortunado no 130
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