El aprendizaje de la libertad

Nació en Trujillo en 1828 y murió en Lima en 1881, en circunstancias no esclarecidas, cuando la ciudad estaba ocupada por el ejército chileno. Casós fue un ejemplo de intelectual cuyas poco brillantes raíces sociales lo habrían empujado, tanto a una actitud radical, de condena de los poderes establecidos, cuanto a volverse una presa fácil de las tentaciones de los cargos y los honores. Refiere la estudiosa francesa Isabelle Tauzín, que sus contemporáneos se referían a él como «el zambo Casós». Se graduó de abogado en la Universidad de San Marcos de Lima en 1849, habiendo estudiado antes en el colegio Guadalupe. En ambos lugares recibió la influencia de las ideas liberales que las revoluciones europeas de 1848 radicalizaron y esparcieron por el mundo. En 1851, alineado con el régimen de Echenique, ingresó a trabajar dentro del Estado como empleado del Ministerio de Justicia. Privado de fortuna familiar, Casós sobrevivió como intelectual gracias al periodismo, ámbito en el que destacó como redactor de diversos medios como El Rímac, La América, El Liberal y El Correo del Perú, en los que atacaba desde sus páginas la política de los presidentes de turno, como José Rufino Echenique, Ramón Castilla o Juan Antonio Pezet. La habilidad de su pluma pavimentó su camino hacia el Congreso, donde logró figurar como diputado por Jaén en 1853, por la provincia de Pataz en 1858 y diputado constituyente por Trujillo en 1867. Pero eran tiempos en que los congresistas no recibían sueldos sino solamente dietas (pagos restringidos a financiar sus traslados y manutención en Lima) y, sin pensión de jubilación, no tenían el futuro económico asegurado. Desde su curul abogó por medidas liberales como la supresión de la esclavitud y de los diezmos, atacó a la Iglesia (que era algo así como la bestia negra de los liberales del siglo) y a los consignatarios del guano y defendió con ardor la libertad de imprenta. En 1867 se olvidó de sus críticas a Mariano Ignacio Prado, cuando este lo nombró cónsul en Londres. En la capital británica negoció mejores condiciones para el Estado en materia del comercio del guano, pero el puesto fue efímero, como el gobierno que lo había dotado en aquel destino. De regreso a Lima se volvió un ácido crítico del Partido Civil, al que concibió como una organización defensora de los privilegios de la argolla de los consignatarios del guano. Cuando los hermanos Gutiérrez se sublevaron contra el triunfo de Pardo en las elecciones de 1872 y defenestraron el gobierno de Balta, le propusieron la Secretaría General del nuevo gobierno, que Casós tuvo la debilidad de aceptar. Dada la precariedad de este movimiento, se trataba de una apuesta de alto riesgo, que bien pronto se demostró fallida. Este fracaso lo llevó al exilio en París, donde sobrevivió en el periodismo y publicó, en 1874, sus dos novelas: Los amigos de Elena y Los hombres de bien, cuyos méritos literarios son motivo de controversia entre los expertos. 122

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