El aprendizaje de la libertad

liberales, hasta donde les era tolerable, lo que fue una hábil estrategia para no perder sus privilegios ni el control del Estado. El ejemplo emblemático de esta actitud sería el mismo Ramón Castilla, pero también figuras de uniforme más jóvenes como Mariano Ignacio Prado (Huánuco, 1826-París, 1901). Los caudillos que carecieron de esa flexibilidad, como Manuel Vivanco (Lima, 1806-Valparaíso, 1873), no tuvieron opción de victoria y fueron saliendo del mapa político. El tamaño de las fuerzas armadas creció y el país inició una carrera armamentista en América del Sur al comprar navíos con motor de vapor y, más adelante, los primeros barcos blindados para uso militar. Algunos de los vapores fueron despachados a la Amazonía, donde cumplieron un papel destacado en preservar esa región del territorio bajo control nacional, también ambicionada por países vecinos como Brasil, Colombia y Ecuador, y sobre la que en el periodo español no se habían delimitado fronteras. Los cuatro navíos blindados que compró el Perú entre 1864 y 1868 pusieron a la armada peruana a la vanguardia de esta parte del Pacífico. El Huáscar, por ejemplo, incluía dos cañones montados en una torreta giratoria, de modo que el barco no necesitaba realizar las lentas y arriesgadas maniobras para poder disparar, a que estaban obligados los barcos montados con cañones ubicados bajo la cubierta. La casta militar aprovechó su control del poder para dotarse de privilegios, como sueldos copiosos en tiempo de paz o guerra, a pesar de que el oficio no estaba profesionalizado, de modo que los oficiales militares no tenían que hacer vida de cuartel de tiempo completo cuando no había campañas; así como generosas pensiones y montepíos para la edad del retiro y para las viudas. Nació así la llamada «cédula viva» para las pensiones de jubilación, que en adelante sería también ambicionada y conquistada por otros sectores del Estado con fuerza política para conseguirlo. La fuerza del militarismo durante la postindependencia habría tenido efectos ambiguos para el liberalismo. De un lado facilitó su difusión, una vez que los caudillos militares se tornaban liberales; pero de otro, nada era más antinómico para el republicanismo difundido por los liberales que el caudillismo militar. El hecho fue que los liberales peruanos del siglo XIX debieron hacer alianzas con los militares para poder llegar al poder y avanzar con ciertas reformas (véase el siguiente recuadro). Un intelectual liberal en el Perú del XIX: Fernando Casós Flores 121

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