civiles del mencionado siglo. Seguramente más víctimas mortales han sumado en el Perú este tipo de enfrentamientos, que los internacionales. Sucedió en la madrugada del dos de mayo de 1854, en el marco de la guerra civil entre José Rufino Echenique y Ramón Castilla. La Mercedes había sido comprada pocos años antes por el primer gobierno de Castilla, junto con las goletas Guisse y Gamarra, y puede decirse que fue el primer buque especializado para la guerra que compró el Perú. Se trataba todavía de un velero, con casco de madera. La noche de la tragedia era remolcada por el vapor Rímac. Ambos llevaban soldados que debían reforzar al gobierno en el norte. En la Mercedes iba un batallón de mil hombres, reclutados en el campo contra su voluntad, como era común en aquellos tiempos. El mar estaba agitado, lo que hizo que el cable que unía a las dos embarcaciones se rompiese en dos ocasiones. En la tercera vez que ello ocurrió, la corriente estrelló a la fragata contra una gran roca negra que se encuentra frente a la bahía de Casma. Eran las tres de la mañana cuando el barco de madera naufragó rápidamente tras el impacto. La improvisación con que fue despachado el batallón que sucumbió en la Mercedes explica que no hubiese en ella salvavidas ni elementos de rescate que aminorasen la tragedia. Con la primera luz del amanecer se pudo tomar la magnitud del desastre: únicamente se había rescatado a ciento sesenta hombres. Lo que dejó un saldo de más o menos ochocientos muertos. La edición de El Comercio del 8 de mayo dio información sobre el accidente e indicó la cifra de 731 fallecidos; otras fuentes la elevan hasta 850. La nota heroica la puso el capitán de navío Juan Noel, comandante de la nave, quien se negó a abandonar el barco hasta que no pusiese a salvo al último hombre, razón por la que pereció en el naufragio. Esto fue referido por uno de los sobrevivientes, el general Allende, jefe del batallón, y la propia esposa del comandante (hoy debe parecer extraño, pero los jefes acudían por entonces con sus mujeres a las campañas; costumbre que los observadores europeos adjudicaron a una herencia india). Otro de los ministerios cenicientos levantados a una mayor dignidad con el dinero del guano fue el de Justicia, Instrucción Beneficencia y Culto, que para la década de 1860 llegó a sumar porcentajes de 7 a 8% del gasto gubernamental. Las cortes judiciales en el interior regularizaron su existencia y el Estado pasó a cumplir, fuera de Lima, una de sus funciones más inherentes según el credo liberal: arbitrar los litigios entre particulares y defender la propiedad de quienes la posean según el derecho legalmente establecido. Los códigos civil y de comercio de 1852 y 1853, respectivamente, representaron un esfuerzo por introducir normas claras y modernas para los contratos entre privados y dotar a la propiedad de garantías. Las constituciones de 1856 y 1860 procuraron, asimismo, poner al día a la nación en materia de derechos y seguridades para los habitantes, que era uno de los pilares del movimiento liberal. Ambas constituciones 118
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