a escritores como Corpancho y Palma, que habían luchado en bandos opuestos en 1857, y reunir a conservadores como Lavalle con intelectuales liberales como Juan Espinoza. Entre el cuerpo de redactores se encontraban varios de los amigos más cercanos de Laso, incluyendo a Mariano Álvarez, José Casimiro Ulloa, Manuel Pardo, Toribio Pacheco y Narciso Alayza. Tuvo, además, como colaboradores a un grupo amplio y diverso, que incluía a figuras representativas de la primera generación liberal, como Benito Laso, a escritores consagrados como Felipe Pardo y Aliaga y a jóvenes autores como Pedro Paz Soldán y Unanue. La Revista intentaba construir un espacio de discusión que pudiera servir como sustento de la reforma política. Era un foro de civiles que buscaba oponerse al caudillismo, promover la participación civil en política y generar un espacio para el debate público. Su formato, modelado en la Revue des Deus Mondes, favorecía la reflexión metódica sobre temas de fondo, se incluían piezas literarias, estudios históricos y discusiones sobre temas económicos y científicos». Natalia Majluf (en Laso, 2003, pp. 26-27). Uno de los ministerios que pasó a cobrar un mayor protagonismo durante la era del guano fue el de Hacienda, puesto que bajo la idea liberal de que el Estado debía ser una entidad creíble (cabe recordar la importancia del «crédito de la nación», representado por su gobierno) y colaboradora del esfuerzo de los hombres de la nación por incrementar su riqueza personal, pero al mismo tiempo la riqueza nacional (cosas que eran frecuentemente simultáneas, como habría demostrado Adam Smith), este limpió sus deudas pasadas, tanto con los acreedores extranjeros, como con los nacionales. Para esto último dictó la Ley de Consolidación de 1850, que estipuló la unificación de la deuda interna arrastrada desde la independencia, a un mismo tipo de interés, unas mismas condiciones y una misma unidad monetaria. El Ministerio de Hacienda también indemnizó a los propietarios de esclavos manumisos por la revolución de 1854-1855, llamada «la revolución liberal» por el protagonismo que en ella cobraron varias de las figuras del liberalismo mencionadas antes (véase el siguiente recuadro). La tragedia de la Mercedes Uno de los dramas más amargos del siglo XIX fue la tragedia de la fragata Mercedes, hundida, como el Titanic, tras chocar contra un islote que, a modo de inmensa roca, amenazaba a las embarcaciones que navegaban por la zona en medio de la noche. El número de muertos fue casi de un millar, lo que la convierte en la mayor tragedia naval de la historia peruana. Una de las razones de la poca rememoración que se hace de este hecho es que no ocurrió en medio de una guerra internacional, como fue el hundimiento del Huáscar o la Independencia, sino en una de nuestras tantas guerras 117
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