vez que cobraban por las ventas del guano, recuperaban los costos desembolsados, recibían su comisión y remitían al gobierno peruano el dinero restante, que venía a ser la renta del propietario del bien. Si habían hecho adelantos al gobierno por las ventas, restaban naturalmente estas cantidades y se cobraba incluso un interés por el dinero adelantado. El establecimiento de los costos en los que habían incurrido las empresas consignatarias fue una fuente de cuantiosa corrupción. Un funcionario del gobierno debía visar los documentos por los cuales las empresas acreditaban los gastos realizados. La firma de ese funcionario era, desde luego, apreciadísima. A pesar de ello los estudiosos de la historia del guano, como Shane Hunt, han estimado que el Estado peruano recibía aproximadamente un 60% de las ventas brutas. El gráfico 3.1 representa la evolución de las exportaciones de guano entre 1840-1879, y muestra el despegue que cobraron desde 1847-1848, cuando, por primera vez, superaron las cien mil toneladas anuales. Los decenios de 1850 y 1860 fueron el momento alto de la bonanza, cuando el promedio anual de las exportaciones rondó las cuatrocientos mil toneladas, aunque con grandes altibajos de un año con otro. Estos eran provocados por la especulación de agentes que acumulaban grandes existencias de guano con la expectativa de un alza de precio, que no siempre ocurría. Gráfico 3.1 Exportaciones de guano del Perú, 1840-1879, en toneladas anuales Fuente: Hunt (2011). Elaboración propia. En la década de 1860 un grupo de empresarios peruanos que habían hecho su aprendizaje del negocio como funcionarios y colaboradores de 104
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