Derecho Constitucional

espirituales, en el hecho de haber compartido un pasado común y el deseo de compartir el futuro. El filósofo Renán afirmaba que «Una nación es un alma, un principio espiritual. Dos cosas que, a decir verdad, no son más que una, constituyen esta alma, este principio espiritual. La una es la posesión en común de un rico legado de recuerdos; la otra es el consentimiento actual, el deseo de vivir juntos, la voluntad de continuar haciendo valer la herencia que se ha recibido indivisa» (1987, p. 82). La otra concepción, de raíz alemana, sin desconocer la importancia de los factores históricos, culturales y espirituales en la formación de una nación, los subordina a un elemento inicial y de mayor trascendencia: el elemento étnico. De este modo la raza se erige en el factor determinante para la existencia de la nación. Esta teoría llegó al punto de establecer una jerarquización entre las diversas razas existentes, en la cima de la cual se encontraba la raza aria pura que es el origen y fundamento del pueblo alemán. La ideología nacional-socialista adoptó esta concepción y predicó el derecho de la raza aria, es decir Alemania, de dominar el mundo y de exterminar a ciertas razas consideradas no solo inferiores sino decadentes. La consecuencia de esta teoría extrema fue la segunda guerra mundial y el holocausto del pueblo judío, una de las grandes tragedias de la humanidad. Hoy en día se considera que esta idea carece de sustento científico y real porque no existen razas puras, no se puede establecer una jerarquía intelectual o moral entre las razas y, por ello, ninguna de ellas tiene una superioridad natural sobre las demás ni, menos aún, el derecho de pretender dominarlas. La nación como idea fundante del Estado Las monarquías francesa, inglesa y prusiana, rigieron en el ámbito de estados-nación en formación, pero a su lado existieron grandes imperios —como el imperio austriaco o el imperio ruso— que gobernaban sobre pueblos con diversas identidades nacionales. La Revolución Francesa, a fines del siglo XVIII, hizo del «principio de las nacionalidades» una idea revolucionaria que socavó las bases de esos imperios y permitió el surgimiento de nuevos Estados nacionales. El principio de las nacionalidades afirmaba, en esencia, el derecho de toda nación a ser independiente y constituir un Estado. Fue propagado en Europa por los ejércitos franceses y permitió, por ejemplo, la liberación de Italia del Imperio Austriaco y de parte de Polonia del Imperio Ruso, para conformar, respectivamente, el Reino de Italia y el Gran Ducado de 16

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