Joselim Hernández Jandeth 610 identidad-alteridad, producción-reproducción), éstos se sexualizan y refuerzan con ello la jerarquía entre los varones y las mujeres. Al restarle cualquier valor cognoscitivo a las cualidades asociadas con lo femenino, aseguran de que las mujeres no tengan con qué revertir la lógica dicotómica.12 Esta deslegitimación por el cuerpo no sólo se da por el hecho de ser mujer, sino también por lo que implicaba lo femenino y las asignaciones que se les otorgaron como lo emocional, lo irracional, la debilidad, etc. Al mismo tiempo, estas formas de rechazo tienen como consecuencia el segundo punto, la desaprobación de las expresiones que no son consideradas como manifestaciones de la razón como lo sería la literatura o la ficción. Si tomamos lo que mencionaba arriba sobre como suelen nombrar a las filósofas y pensadoras, es decir, su consideración como escritoras y literatas evidenciamos una doble descalificación hacia las formas discursivas en las cuales las mujeres han plasmado sus ideas; porque no sólo se les descalifica por ser mujeres sino por las formas, ajenas al ensayo argumentativo filosófico, en las que deciden expresarse.13 Los motivos por los que se realimenta la expulsión de ciertas construcciones de conocimiento y de ciertos sujetos de conocimiento en las instituciones, tienen que ver con la limitación de las herramientas epistemológicas aceptadas. Expulsar a quien piensa en términos diferentes, mantiene incólume el pensamiento aceptado, pero lo mantiene sin discusión, con las fronteras cerradas, porque si los sujetos cuestionadores, o simplemente diferentes, fueran integrados a la discusión propondrían puntos de vista por los cuales habría que rearticular absolutamente el concepto en cuestión.14 Ahora bien, al entender ambas situaciones en las que surgen la razón narrativa podemos definirla como una herramienta que permite una construcción filosófica desde la experiencia mediante el ejercicio de la comunicación. Quiero quedarme un instante en este punto para reflexionar acerca de si la narrativa presupone una forma del pensar y no sólo del decir, y si las dos cosas presuponen realidades separables. Esto es, si construir “historias” para darse a entender implica una manera específica de organizar el pensamiento y si ésta puede ser enseñada. No es un problema de poca monta. Como novelista y como historiadora, considero que al narrar se expresa una voluntad de comunicación que es en sí ética y política, pues presupone no sólo que la elección y el ordenamiento de los hechos narrados tenga un fin moralizante, acertadamente puesto en luz por Hayden White, sino un interés por el otro como beneficiario de un aprendizaje y como interlocutor posible. Un 12 Francesca Gargallo. Ideas filosóficas feministas. México, 2006, p. 70. 13 Las formas discursivas es un término acuñado por Arturo Andrés Roig en su artículo “El siglo XIX latinoamericano y las nuevas formas discursivas” menciona que cada siglo cultural tiene diversas formas de expresión que confluyen entre sí y se refiere a los género literarios concretos de dicha época como lo sería la prensa periódica, los panfletos y podemos también estas formas discursivas como las formas de expresión a las que se tenía acceso. 14 Francesca Gargallo. Ideas filosóficas feministas. México, 2006, P. 61
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