Joselim Hernández Jandeth 606 indudablemente masculino, blanco; es la figura del pensador criollo, supuesto dueño del pensamiento y de toda función intelectual”?3 Otra característica presente en las historias de las ideas latinoamericanas es la ampliación de sus criterios de selección para poder incluir a autores y obras que normalmente no serían considerados como filosóficos dentro de la historia de la filosofía occidental. Tomaron en cuenta formatos de escritura considerados como no “filosóficos”; ejemplo de ello, es el ensayo, la correspondencia, la prensa periódica. También se utilizó el concepto “pensamiento” para referirse a lo filosófico. Todo esto favoreció a la conformación de una especie de canon y de corpus filosófico latinoamericano en el que, sin embargo, las mujeres no aparecen o si lo hacen, lo hacen de forma “excepcional”. Ejemplo de esto es la figura de Sor Juana Inés de la Cruz, quien muchas veces es la única mujer que forma parte en las historias de las ideas o del pensamiento filosófico.4 Por alguna razón, ella, sus obras y su pensamiento, no suelen ser excluidas. Aunque, no siempre es claro cuál es el criterio que se utiliza para colocar a Sor Juana como filósofa, ni por qué no se aplica para reconocer a otras mujeres como filósofas/pensadoras. Ahora bien, un criterio viable para observar esta “inclusión” es el “criterio de excepcionalidad”. Este concepto dota a la persona con algú n atributo ú nico y “digno” de ser presentado al mundo por la genialidad de sus planteamientos. Sobre la excepcionalidad, Fina Birulés sostiene lo siguiente: Categoría que, cuando pretende ser expresión de la vivencia subjetiva de la propia anomalía o del fin de la exclusión, acostumbra a expresarse como una decidida opción por la pertenencia al “género humano” (…) cuando es utilizada para describir o interpretar la obra femenina, suele ser manejada como sinónimo de cierto travestismo o de excepción admitida —muestra heroicidad— que confirma una regla: la cultura es hecha por hombres.5 Con esta cita de Birulés podríamos decir que es posible que las mujeres pueden llegar a ser incluidas en la historia del pensamiento filosófico cuando son consideradas como “excepcionales”. Sin embargo, lo problemático de esta categorización hacia el trabajo de las filósofas es que su acceso a esa historia parece estar condicionado, para poder ser incluidas se les tienen que masculinizar, es decir, que su trabajo es homologado al pensamiento masculino. Por ejemplo, se suele verbalizar como “parece estar escrito por un hombre” o “piensa como hombre”. Al utilizar el criterio de excepcionalidad, el mundo de la filosofía parece ser terreno exclusivo de los hombres en el que sólo unas pocas 3Mary Louise Pratt. ““No me interrumpas”: las mujeres y el ensayo latinoamericano” en Debate feminista, año 11, Vol. 21, abril 2000. p. 70-88. 4 Algunos de ejemplos de ello son: El pensamiento hispanoamericano de José Gaos y La filosofía iberoamericana de Francisco Larroyo, que fueron consultadas hasta el momento de la elaboración de este trabajo. 5 Fina Birulés. “Indicios y fragmentos: Historia de la filosofía de las mujeres” en Mujeres en la historia del pensamiento. Rosa M.a Rodríguez Magda (Ed.) Barcelona, 1997, p. 19.
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