Agencias y resistencias de las mujeres en el pensamiento filosófico en América Latina 605 latinoamericana y mucho menos están presentes en los cursos y programas de estudio. Esto me lleva a preguntarme: si las mujeres han sido agentes activos dentro del campo filosófico, ¿por qué no han sido incluidas en la historia de la filosofía latinoamericana? ¿A qué se debe esta “omisión” y “olvido”? Durante las décadas del sesenta y setenta, los filósofos latinoamericanistas se dedicaron a construir la historia de la filosofía y la historia de las ideas latinoamericana o nuestramericana como parte de su proyecto de un filosofar auténtico “que fuera expresión de un pensamiento filosóficamente vivo, que emergiera desde nuestra propia circunstancia latinoamericana utilizando todos los medios intelectuales disponibles”.1 En estas historias, los filósofos se dedicaron a recuperar a otros filósofos, pensadores e intelectuales que les “antecedieron” y sus obras. Todo esto con el fin de construir una tradición filosófica propia. En la mayoría de estas historias, la identidad americana/latinoamericana funciona como un criterio historiográfico que permite escoger las obras y los autores. En ellas se incluye a autores que han escrito sobre la necesidad de un pensamiento enfocado en las propias circunstancias y en lo “netamente americano”, que, ademá s, pueda ser aplicado para mejorar o cambiar la realidad latinoamericana. “El hombre de esta América se expresa a sí mismo, y expresa su realidad, en la adopción realizada. Puede tomar una filosofía que esté de moda como instrumento para adaptarla a su realidad; pero esta misma realidad le hará consciente la posibilidad de adaptación de la misma”.2 Bajo este criterio tenemos un sinfín de obras tales como: Antología del pensamiento social y político de América Latina de Leopoldo Zea y Abelardo Villegas, El pensamiento latinoamericano y Precursores del Pensamiento Latinoamericano Contemporáneo de Leopoldo Zea, Estudios Latinoamericanos de Historia de las Ideas de Arturo Ardao, Pensamiento latinoamericano del siglo XIX de Alberto Saladino García, Filósofos y políticas desde nuestra América en el tiempo de Mario Magallón Anaya, entre otras. La marcada presencia de autores masculinos y la evidente ausencia de las mujeres filósofas, intelectuales y pensadoras en estas historias del pensamiento filosófico latinoamericano podrían hacernos creer que las mujeres no han escrito nada sobre la identidad latinoamericana. Pero si es así, ¿dónde colocamos trabajos como “La influencia de las mujeres en la formación del alma americana” (1930) de Teresa de la Parra; “El americanismo también es obra femenina” (1939) de Marta Brunet; Cuatro conferencias sobre América del Sur de Clorinda Matto de Turner o los trabajos de Francesca Gargallo sobre el pensamiento feminista latinoamericano? Si existen este tipo de trabajos, ¿por qué no se han tomado en cuenta ni se han referenciado en las historias del pensamiento latinoamericano? ¿Acaso se debe a que “[e]l sujeto parlante del ensayo de identidad es 1Francisco Miró Quesada. “Prólogo” en Despertar y proyecto del filosofar latinoamericano. México, 1974, P. 19. 2 Leopoldo Zea. La filosofía americana como filosofía sin más. México, 2012, p.36.
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