La autobiografía de Benita Galena y las memorias de Vidaluz Meneses como territorios de escritura para historizar la participación política de las mujeres en el siglo XX 582 al agigantamiento de los objetos perdidos emergiendo de su ausencia y armándose como invencibles fantasmas, invadiendo la difícil paz en el hogar. Luchar contra lo que no tiene rostro Ni pista capaz de detectar Su fatídico paso. Inmersa en las multitudes, En esos brazos – abrazos compartidos De agrietadas epidermis Que trasladan tu tersura A la otra orilla de la vida, A esa mitas de noche De los que van Recuperando amaneceres Meneses encuentre, por fin, un lugar metafórico en el mundo colectivo, luego de las esperanzas que muchas tuvieron en la revolución sandinista (sin saber lo que lustros después sería esa revolución). El triunfo de la revolución hermanó, sólo durante un tiempo, y eso significó un permiso de parte del patriarca para que las mujeres se expresaran por escrito; sin embargo, no hay que obliterar lo escrito, en 1981, por Daisy Zamora: Los nombres de la poesía nicaragüense hasta entonces [se refiere hasta veinte años antes de la revolución sandinista] habían sido todo nombres de varón: desde Rubén Darío hasta Fernando Silva, desde Alfonso Cortés hasta Ernesto Cardenal […]. Pero la mujer no se conformó con tener la conciencia de que era mujer, sino que quiso posesionarse de su total naturaleza humana, y, la poesía en este sentido es sólo un anuncio, una alegoría, de esa apropiación porque la posesión sólo se conquista cuando el hombre pasa de un sistema opresivo a un sistema de libertad21 Las bregas libertarias de nuestras dos autoras, veremos adelante, fueron vueltas cuasi distopías, precisamente por aquella Ley del Padre que teoriza Luce Irygaray. Fueron los padres de naciones y de Partidos políticos los que arrojaron leña a las palabras libertarias de las mujeres que creyeron que era menos arduo el combate contra la censura. Leamos a Basaglia con respecto a lo enunciado: 21 Zamora,D “La mujer nicaragü ense en la literatura”, Plural, Segunda época , Volumen X – XII, Número 120, septiembre de 1981, p. 20.
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