Rocío García Rey 583 Esta mujer, que se discute a sí misma, al hombre y al mundo para llegar a entender quién es, no resulta para el macho una compañera ideal. No acepta su papel, ha decidido existir y no renunciar a sí misma, y ha aprendido a decir “NO”. Palabra excluida de su vocabulario que ahora abre las puertas a su individualidad y a su presencia real.22 Ahora bien, esta NO es la razón para que en muchos sentidos las mujeres dejen atrás el silencio y proclamen su voz de insurrección, en tanto durante siglos hemos permanecido en el umbral de las palabras escritas. Esta voz se discute y discute el statu quo, aunque eso sea causa para el Pater, de emplear prácticas punitivas. Leamos a Meneses: Ya en mi tercera edad, supe algo de teoría del síndrome de estrés postraumático de la población nicaragüense que me ha explicado mi amiga y terapeuta, Martha Cabrera y el equipo de psicólogas que trabaja con ella. Ellas me han hablado de una escala internacional que tienen en psicología donde clasifican lo que te afecta emocionalmente, y en esta se incluye hasta un cambio de casa […]23 No queremos obliterar que, tanto en los casos de nuestras autoras, fueron hombres, pertenecientes a un circuito político (y en el caso de Meneses literario y teológico) que colaboraron para que despuntarán, para que renunciarán a su silencio. Este hecho no es menor porque indica, cómo de manera histórica, la mayoría de las mujeres intelectuales han tenido que pasar por el “filtro” – aprobación de los que les abrirán la puerta para salir del mausoleo en el que han estado. Se trata de ver con lo expuesto cómo aún en el tiempo contemporáneo nuestra producción literaria, intelectual, en general, debe ser aprobada por el cuerpo de académicos. ¿No es esto una violencia epistémica? ¿No es tal acto perpetuar los archivos hegemónicos de la creación? Por ello es tan importante que esa colonialidad dentro de otra colonialidad. Es así como en el caso de Vidaluz Meneses fue el poeta quien: Pablo Antonio nos dio un espacio en el diario La Prensa a las hermanas Ligia y Adriana Guillén, ambas escritoras, (Adriana usaba el seudónimo de Carla Rodríguez) y a mí, para escribir una columna que PAC bautizó La voz de la mujer nicaragüense. Nuestro objetivo era concientizar a las mujeres de clase media y clase acomodada sobre la necesidad del cambio en nuestra sociedad. Creo que llegamos a escribir dos textos cada una y luego no siguió la columna, probablemente por la vertiginosidad del paso de los acontecimientos. […] A mí, tanto los textos teológicos y humanistas como este tipo de investigación me daban una gran fortaleza y ánimo para profundizar mi compromiso. (Vidaluz Meneses pp.90 -91) 22 Franca O. Basaglia, Primera conferencia: “Mujer, sociedad y política” en Mujer, locura y sociedad, p. 19, México, UAP, p.19. 23 Meneses, Op. Cit. p. 31
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