Centro de estudios, la mujer en la historia de américa latina

Congresos iniciales de la escritura y crítica feminista latinoamericana: Hitos y postulados preliminares 566 En el artículo primordial de Guerra-Cunningham “Las sombras de la escritura. Hacia una teoría de la producción literaria de la mujer latinoamericana” la autora analiza la condición subordinada de las mujeres en un sistema donde “lo femenino” es concebido como una “sombra” que refleja los elementos inferiores, primitivos y viciosos de la condición humana, “un reflejo engañoso…un elemento temible” (1989, 129). Esta sombra, sin embargo, no es siempre pasiva, sino más bien proyecta una segunda dimensión, “una reflexión fantasmagórica” alternativa que crea fracturas y expande los márgenes que desestabilizan la “unicidad totalizante” del Objeto Legitimizado. La escritura femenina habita en este segundo espacio. La metáfora de la sombra señala su relación con el Objeto Legitimizado, una noción que hace eco a la idea ya citada de Masiello, que ve la trangresión y la ruptura como herramientas femeninas para subvertir la ley patriarcal. Para la mujer escritora, la ficción es un proceso de búsqueda de la identidad propia que la conduce a transgredir barreras culturales y obstrucciones del falocentrismo, y eventualmente a sumergirse en los espacios inexplorados de su Ser. Según Guerra, las autoras latinoamericanas han empleado diversas estrategias desde la intertextualidad y la subordinación en la fase inicial de las novelas de Avellaneda o Parra, pasando por un proceso mímico que enmascara la subversión, como en La casa de los espíritus de Allende (1982), hasta lograr un discurso beligerante de rebelión y sexualidad en Papeles de Pandora de Rosario Ferré (1976). Guerra aboga por que no se mire la asociación feminista con grupos marginales desde la “perspectiva burguesa” es decir, como una reflexión del carácter humanitario de las mujeres, sino má s bien como un pacto con el subyugado, “una identificación con el Otro que en su posición de vencido y dominado funciona como imagen especular de la condición femenina” (1989, 150). Recuerdos del porvenir (1963) de Elena Garro Balún Canán (1957) y Oficio de tinieblas (1962) de Rosario Castellanos son obras que pueden ser leídas como una resistencia a las estructuras de poder reflejadas en las relaciones hombre-mujer, amo-esclavo. La subordinación se expresa en el silencio, en la carencia de lenguaje de los pueblos indígenas. Guerra propone la creación de un “contra-discurso” basado en la diferenciación de los dos conceptos de “lo femenino”: el falologocéntrico y lo femenino visto como una “zona enraizada en la subordinación, el silenciamiento y la represión” (1989,151). Ella se pregunta: ¿cómo definir lo que ha permanecido en la sombra sin caer en los errores de la fuerza dominante en un continente dominado por la discriminación y el imperialismo? Las escritoras latinoamericanas contemporáneas están conscientes de la dicotomía, hombre-mujer, opresor-oprimido, y están elaborando nuevas perspectivas de escritura en un innovativo discurso de sexualidad, como En breve cárcel (1982) de Sylvia Molloy, dando voz a los silenciados, como la marginada Jesusa Palancares en Hasta no verte Jesús mío(1969) de Elena Poniatowska, en los testimonios de Domitila Chungara y Rigoberta Menchú o en una utopía femenina como Las andariegas (1984) de Albalucía Angel donde se describe una colectividad femenina en un mundo liberado del poder masculino. Para concluir, Guerra explica su dilema personal como escritora y crítica

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