Centro de estudios, la mujer en la historia de américa latina

María Teresa Medeiros-Lichem 565 mujeres, activas, móviles y múltiples, capaces de desestabilizar las jerarquías y las estructuras de poder para formular un nuevo discurso. Richard considera lo femenino como una “fuerza de organización textual”, un texto abierto capaz de desafiar el discurso autoritario: Me parece que sólo una teoría de la escritura abierta a la heterogénea pluralidad del sentido como resultado de una multiplicidad de códigos (sexuales, pero también políticos y sociales, ideológico-literarios, etc.) entrecruzados en la superficie del objeto semiotizado, es capaz de poner en acción una lectura destotalizadora. (Berenguer et al. 1987, 51) Estos postulados evidencian una brecha fundamental en el enfoque de la escritura femenina como una nueva vía de auto-definición. La reubicación del Sujeto femenino fuera del marco del patriarcado y la reasignación de la autoridad para proyectar una nueva óptica propicia un auto-descubrimiento de alcances epifánicos. En un artículo posterior “¿Tiene sexo la escritura?” (1994) Richard afirma que el Primer Congreso de Literatura Femenina Latinoamericana en 1987 inauguró el diálogo entre escritoras volviéndolas conscientes de su lucha por una causa común, por la inscripción genérica de su propia voz.19 La siguiente conferencia internacional importante sobre crítica literaria latinoamericana tuvo lugar en la Universidad de Minnesota en la primavera de 1988 y contó con la participación de Naomi Lindstrom, Gabriela Mora, Elizabeth J. Ordoñez, Sara Castro-Klarén, Amy Kaminsky, Cynthia Steel, y Lucía Guerra-Cunningham, entre otras. La discusión se centró en la validez de aplicar criterios de la crítica feminista del Norte al espectro cultural de América Latina si esta crítica no se hace desde un ángulo que refleje la heterogeneidad del continente. En la introducción a la publicación de las actas bajo el título Cultural y Historical Grounding for Hispanic y Luso-Brazilian Feminist Literary Criticism (1989), Hernán Vidal advierte sobre el peligro de reducir la crítica feminista a la reproducción de teorías conocidas fuera del marco de la “diversidad social, étnica e histórica” (Vidal 1989, 8). Muchas de estas teorías han sido formuladas en respuesta a los programas académicos de estudios feministas en Norteamérica y están basados en otras culturas (1989, 8). En “Un diálogo entre feministas hispanoamericanas” Gabriela Mora reproduce una discusión sobre el tópico donde la urgencia de la realidad social y política es más relevante para las escritoras que la cuestión de género o representación, lesbianismo o maternidad. Las presentaciones muestran una profunda internalización de las teorías francesa y anglo-americana, pero a la vez una clara insistencia en las diferencias culturales y una resistencia a la homogenización. 19. En Debate feminista 5.9 (México: Marzo 1994): 127–139. En el mismo volumen, Lucía Guerra describe la formación de un Sujeto femenino que emerge del ‘estrellamiento’ de las imágenes patriarcales. Guerra defiende la escritura de mujeres a la que se acusa con frecuencia de esencialismo diciendo que ésta es el producto de un nuevo modo de representación. Ver “La problemá tica de la representación en la escritura de la mujer,” 1994,183–193.

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