Congresos iniciales de la escritura y crítica feminista latinoamericana: Hitos y postulados preliminares 564 un cuestionamiento del canon literario”. En una declaración de tono mesiánico “Y después de todo aquí estamos”, afirma: Este congreso es la toma de posesión de la palabra literaria de la mujer; es la constitución de una subjetividad femenina latinoamericana, y es un acto para posesionar dicha subjetividad en y desde el Chile histórico de 1987. (Berenguer et al. 1987, 30) La discusión sobre la cuestión fundamental de formular una crítica feminista desde la perspectiva latinoamericana señala los peligros de la dependencia cultural y los esfuerzos conscientes de las escritoras para articular un discurso basado en su experiencia y en sus circunstancias históricas. Diamela Eltit habla de los “quinientos” y no solamente “cien años de soledad” que han marcado la cultura latinoamericana desde que los colonizadores impusieron su historia y su “voz dominante” a través del terror y de la violación del cuerpo de la mujer india para, a través de ella, reducir las otras voces al mestizaje y a la desposesión. En las palabras de Eltit: Esta antigua voz dominante, incubada artesanalmente en el cuerpo de la mujer indígena, ya violada, ya obsecuente, ya aterrada, portadora mayoritariamente de la modificación étnica y cultural en nuestro continente, sometió a las otras voces, voces indígenas, al estatuto de la indigencia materna y, al mestizaje, necesario para el repoblamiento, al cerco límite de la despertenencia histórica. (“Las artistas del congreso” Berenguer et al. 1987, 17) Lucía Guerra y Nelly Richard contribuyen con una exposición didáctica de las teorías post-estructuralistas de la crítica feminista y de la escritura femenina. La especificidad de la estética de mujeres conlleva una redefinición del Sujeto. Para Lucía Guerra la especificidad de la escritura femenina se encuentra en las infiltraciones de su voz subversiva en el espacio intertextual masculino dominante, en su visión desde el ángulo de la subordinación y de la marginalidad. El Sujeto femenino construye su lenguaje en las versiones femeninas del Bildungsroman y en la exploración del lenguaje del cuerpo. Su ponencia titulada “Silencios, disidencias y claudicaciones: Los problemas teóricos de la nueva crítica feminista” postula: De manera similar, en el texto producido por la mujer se observa una diglosia fundamental en la cual la escritura adopta y se asimila a un espacio intertextual de carácter masculino y dominante estratégicamente ubicando elementos de una visión de mundo subordinada a través de márgenes, vacíos, silencios, inversiones y mímicas con valor subversivo. (Berenguer et al. 1987, 77) A su vez, Nelly Richard en su artículo “De la literatura de mujeres a la textualidad femenina” define al Sujeto femenino en el marco de las oposiciones binarias semiótico/simbólico y femenino/masculino y asocia la experiencia femenina a “fracturas” y trangresiones del lenguaje normativo. Propone un concepto de lo femenino como una “marca enunciativa”, una estrategia discursiva que se relaciona con el nuevo rol de las
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