María Teresa Medeiros-Lichem 561 La conferencia de 1983 en Amherst College abordó también la cuestión de la validez de aplicar teorías literarias angloamericanas y francesas para analizar textos de escritoras latinoamericanas. Sara Castro-Klarén en su iluminadora exposición sobre este tema, “La crítica literaria feminista y las escritoras en América Latina” nos previene contra la apropiación ciega de la crítica feminista para interpretar la literatura femenina latinoamericana y problematiza la subjetividad de las mujeres en un continente con una historia de explotación. Comienza definiendo las metas del feminismo y revisando el concepto de Freud. “¿Qué quiere la mujer?” a través de los textos de Patricia Spacks, Elaine Showalter, Gilbert y Gubar, Irigaray y Kristeva, entre otras. Para Castro Klarén, los objetivos del feminismo son: “la erradicación del sexismo en los niveles ideológico y práctico de la experiencia con el concomitante acceso e incremento del poder de la mujer” (Gonzá lez y Ortega 1985, 28). Sobre la cuestión del sujeto femenino, Castro-Klarén sigue las pautas de Kristeva sobre la “deconstrucción de la oposición identidad y diferencia” (37), y busca una identidad no basada en la diferencia sexual, sino en “un espacio desde el cual podamos hablar”, un sitio en el “nivel simbólico“. Para Castro-Klarén, éste es el espacio “detrá s del espejo”16 de Irigaray donde la imagen de la mujer ya no es má s una ‘reflexión’ de la psique masculina sino que está formada por su propia experiencia. Basada en esta tradición occidental de sumisión femenina y en la historia latinoamericana de marginación, Castro-Klarén afirma que la mujer latinoamericana sufre una doble discriminación, una por ser mujer en una sociedad que la oprime y otra debido a los conflictos raciales. Como consecuencia, la teoría feminista en América Latina, que busca un espacio desde el cual las mujeres puedan hablar, debe comenzar por la premisa de esta doble negatividad: la de ser mujer y mestiza. Esta búsqueda de su identidad: se ha de llevar a cabo en la recuperación y la re-inscripción de la experiencia de la mujer como sujeto a contrapelo en y del orden patrista, entonces la lucha de la mujer 16. Esta metáfora está relacionada a la “etapa del espejo” [mirror stage] de Lacan, quien considera este estadio como el primer paso hacia la adquisición de lenguaje y la participación en el orden Simbólico. Según Lacan, el espejo refleja la visión del hombre en un sistema en el que la mujer sólo se refleja como “el otro”. Irigaray sostiene que las mujeres deben atravesar este ‘espejo especulativo’ para crear un espacio de auto-representación femenina. En Sexual Subversions. Three French Feminists Elizabeth Grosz explica así este estadio: “Ella [la ‘Alicia en el País de las Maravillas’ de Irigaray] pasa a través del espejo, es decir, a través de las estructuras dicotómicas del conocimiento, de las polarizaciones binarias en las que sólo se refleja la primacía del hombre. Del otro lado está el País de las Maravillas, un territorio que puede ser cartografiado, no por un espejo plano, sino por un espejo cóncavo” (1989,131). El texto de Irigaray está en Ce sexe qui n’en est pas un donde ella escribe: “Cet ‘ailleurs’ de la jouissance féminine, c’est serait plutôt du lieu où elle soutient l’extase dans le transcendantal qu’elle serait à retrouver.…Cet ailleurs de la jouissance de la femme ne se retrouve qu’au prix d’une retraversée du miroir qui sous-tend toute spéculation” (1977,74–75). [Este “más allá” del goce femenino, se encontrará má s bien en el lugar donde ella experimenta el éxtasis en lo trascendental.…Este má s allá del goce femenino sólo se encuentra al precio de atravesar de nuevo el espejo que subtiende toda especulación ].
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