Centro de estudios, la mujer en la historia de américa latina

Congresos iniciales de la escritura y crítica feminista latinoamericana: Hitos y postulados preliminares 560 Traba no cree que exista un nuevo modelo de discurso femenino. Los textos estudiados revelan que el principal propósito de la escritura femenina es “contar una historia real” en un lenguaje má s cercano a las imá genes descriptivas y sensoriales que a la “arbitrariedad del signo lingü ístico” (24). Si las mujeres no crean un nuevo modelo de escritura, ¿dónde se localiza el espacio femenino? Para Traba éste se encuentra en la proximidad a los márgenes, a los cuales las mujeres tienen acceso y desde donde pueden hablar: Si el texto femenino queda situado en un espacio próximo a…los marginados culturales…si opera, como realmente lo hace, desde la marginación, podría perfectamente intermediar como lo hacen todas las contraculturas, entre el productor solitario y el receptor desconfiado, que es lo que hoy se presenta como situación de receptor/emisor. (González y Ortega 1985, 25–26) Como conclusión, Traba cita a Bourdieu cuando aconseja: “Hablar, en cambio de ser hablado, podría ser una de las tareas de una contracultura”. Nosotras las mujeres tenemos que estar conscientes de nuestra condición marginal, dice, “y de nuestro lugar en la contra-cultura”, sólo entonces podremos rechazar el “ser hablados por otros” (26, cursiva en la cita original). Los polémicos postulados de Traba, a pesar de que rehusan aplicar categorías binarias al referirse a las mujeres, emplean clasificaciones rígidas dentro de los niveles lingüísticos del orden semiótico/simbólico en la producción de significado como parámetros para leer el texto femenino. Traba está atrapada en la retórica falocéntrica. Los ‘cá nones’ con los cuales ella compara los textos femeninos son de autores hombres. En mi opinión, en la escritura femenina hay una búsqueda consciente de nuevas vías de expresión, tanto en el nivel de “explicar” como en el de “interpretar” el universo. Este hecho no disminuye el valor de un texto, sino al contrario lo enriquece al articular otra voz distinta desde una perspectiva diferente. Lo que falta en la interpretación de Traba es una lectura genérica que ubique las experiencias y representaciones femeninas en un espacio cultural determinado por el género. La proximidad a los márgenes no es un fenómeno exclusivo de las mujeres escritoras, sin embargo yo considero revelador el nuevo enfoque con que las mujeres interactúan y escuchan a los marginados. En la ficción de las escritoras latinoamericanas, que reproduce testimonios y vidas de los oprimidos, estos textos contibuyen con nuevos puntos de vista al discurso, abriendo brechas desconocidas de la conciencia femenina o aportando nuevas interpretaciones a los sucesos históricos, como en Hasta no verte Jesús mío (1969) de Elena Poniatowska. Estoy de acuerdo con el entusiasmo de Traba de localizar a las mujeres en el espacio de la contra-cultura en la medida en que tenemos un largo camino por delante para derrumbar el logos patriarcal, pero también insisto en que un creciente número de escritoras, como Luisa Valenzuela y Elena Poniatowska desestabilizan al Centro con su palabra. sin preocuparse por conducirlos a un nivel simbólico [y] (3) Se produce una continua intromisión de la esfera de la realidad en el plano de las ficciones, lo cual tiende a empobrecer o a eliminar la metáfora y acorta notablemente la distancia entre significante y significado” (Gonzá lez y Ortega 1985, 23–24).

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