María Teresa Medeiros-Lichem 557 Un mundo que al redimirse de toda castrante represión se convierta en espacio energizado, por siempre transformable y por siempre transformante. Un mundo perennemente abierto a una auténtica y creativa evolución. (Citado en Arancibia 1985, ix) Arancibia registra postulados preliminares de la discusión sobre la diferencia de la escritura femenina: un modo característico de enunciación, una visión diferente de la realidad y una necesidad de ampliar los parámetros culturales para incluir las voces de la periferia y superar las restricciones castrantes del discurso patriarcal. Entre las publicaciones de esta conferencia, el lúcido ensayo de Lucía Guerra “Hacia una estética femenina” (1985)10 analiza el enfoque falologocéntrico del lenguaje y la cultura y esboza la lenta emergencia de la voz femenina en América Latina, nacida de la subordinación cultural del sujeto y del discurso bajo la estética criollista que sólo toleraba manifestaciones sutiles del “alma femenina”. Guerra traza la evolución de la narrativa femenina en Hispanoamérica en Sab de Gertrudis Gómez de Avellaneda (1841), Ifigenia de Teresa de la Parra (1924), La última niebla de María Luisa Bombal (1935) y La brecha de Mercedes Valdivieso (1961). Según Guerra, la débil protesta contra la eslavitud del matrimonio en Avellaneda se convierte en rebelión y en eventual sumisión a las normas sociales en Ifigenia, y en transgresión social a través de la fantasía adúltera en la novela de Bombal. La brecha, publicada en 1961, representa una importante ruptura con esta narrativa tradicional. La historia de una mujer casada que viola los votos matrimoniales, tiene amantes, aborta, se divorcia y logra el éxito en su carrera, es escandalosa a los ojos de los críticos condicionados por valores sociales tradicionales, no sólo porque una heroína adúltera que debería ser condenada triunfa, sino porque además el texto subvierte el valor estético de la verosimilitud. La novedad en el análisis de Lucía Guerra es su lectura de un hilo conductor femenino de resistencia y sumisión en obras iniciales de la ficción de mujeres que se quiebra en la propuesta de Valdivieso al crear una heroína que se libera de las exigencias de las convenciones sociales. La brecha es un intento pionero de imbuir un personaje femenino con el valor para vivir de acuerdo con sus propios criterios. Este ensayo de Guerra se completa con su “Manifiesto estético”(1985)11 donde resume la posición de las escritoras contemporáneas de América Latina como: un claro rechazo de los criterios falocéntricos que habían mantenido a las mujeres en una posición 10. Lucía Guerra Cunningham, “Hacia una estética femenina” en Arancibia 1985, 27–37. En su análisis, Lucía Guerra reconoce su deuda con algunos criterios desarrollados por las teorías postestructuralistas: al concepto de Roland Barthes de que el código cultural se deriva de una ideología que otorga al texto su marca de verosimilitud, al texto “Character of a ‘Character’,” de Hélène Cixous donde los personajes literarios reflejan los valores de su sociedad, y a la noción de verosimilitud de Todorov vinculada a una norma textual externa de género. 11. La versión completa de este documento pionero se encuentra en su artículo “Hacia una estética femenina” en Arancibia 1985, 27–37. Sus palabras finales son: “En resumen, describimos el continente negro de nuestra feminidad con la esperanza de que las mujeres logremos por fin incorporarnos al devenir histórico” (Arancibia 1985, 36–37)
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