Centro de estudios, la mujer en la historia de américa latina

Mujeres, ángeles y fantasmas. Biopolítica y domesticidad en tres relatos fantásticos de finales del siglo XX 548 privado basado en la naturalización de la jerarquía de género y en la inferiorización de lo femenino por su identificación con lo doméstico”58. Este paradigma ético, pese a ser modificado, en alguna medida, por una serie de reformas, ha impregnado las relaciones de poder y de género en el país. En tal sentido, volviendo al relato de Silva Santisteban, esta es posiblemente la relación que encadena al narrador-protagonista y a la criatura femenina que lo acompaña. Dentro de la lógica del cuento, como se observa, la conducta del narradorprotagonista define el espacio doméstico. En efecto, debido a la manera en que se comporta y trata al personaje femenino, la casa se convierte en un espacio donde sólo su voluntad prevalece sobre los objetos y los otros seres que la habitan. Las únicas acciones válidas, entonces, son las del narrador masculino. Él decide y se impone sobre lo que lo rodea. Sus deseos son la única ley en ese mundo ficcional perverso y cruel que ha creado Silva Santisteban. Por eso, la tensión narrativa descansa justamente en el incremento gradual de las fricciones que existen entre el narrador y el personaje que cohabita el espacio doméstico con él. De hecho, la decisión de eliminar a este último se debe a que no acata sus órdenes. Casi al final del relato, luego de que el agua caliente para el café cae sobre el pie desnudo de la criatura, esta se pone a chillar sin control: Le grité, la amenacé. Pero parecía no escucharme y seguía en esa orgía de chillidos y graznidos. Volví a gritarle, le ordené callarse. No escuchó, siguió. Le volví a gritar, le ordené de nuevo bajar y terminar esa escena. Pero no me hizo caso. Fue lamentable, el cuchillo cayó certero en medio de su pecho, un flujo verde saltó sobre su vestido empapando el suelo59. Como se aprecia, la decisión de liquidar al personaje femenino se debe a que no es capaz de acatar las “órdenes” del narrador. Su infracción es no comportarse según la voluntad masculina y el precio que debe pagar es su vida. El espacio doméstico, en este sentido, está sometido a la voluntad/deseo del varón, que se instaura como única norma y verdad en este mundo ficcional. El resultado de esta imposición es una narración monológica60 en la que solo la voz del sujeto masculino es la única que se llega a escuchar. El relato, de esta forma, propone un universo donde la regla esencial para conservar la vida es acatar las órdenes del narrador. Transgredir esa disposición supone una amenaza para la propia existencia. 58 Ibídem, p. 57. 59 Ob. Cit., Rocío Silva Santisteban. “Rara avis”. Me perturbas, p. 66, cursivas nuestras. 60 De acuerdo con Bajtín, el discurso narrativo puede adoptar dos formas primordialmente: la monológica, que se encuentra centralizada por una sola voz y consciencia que organizan el relato, o la polifónica, creada por Dostoievski y que se caracteriza por su carácter inconcluso y una apertura al diálogo, lo que significa que el texto narrativo se convierte en un mosaico de voces y la figura del autor mantiene una distancia prudente para permitir que estas se expresen abiertamente. Cf. Mijaíl Bajtín. Problemas de la poética de Dostoievski. México: Fondo de Cultura Económica, 2012, pp. 481484.

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