Centro de estudios, la mujer en la historia de américa latina

Mujeres, ángeles y fantasmas. Biopolítica y domesticidad en tres relatos fantásticos de finales del siglo XX 546 Santisteban. El conjunto reúne once relatos de extensiones disímiles, pero todos fieles a la creación de universos narrativos inusuales y a la experimentación formal. Observados como una totalidad, la mayor parte de los textos incluidos constituye una puesta en práctica de los principios que, en la opinión la autora, debían regir la literatura escrita por mujeres47. “Rara avis” relata la relación compleja y llena de fricciones entre el narrador y una extraña criatura que parece ser una mujer o un otro femenino monstruoso y (des)conocido, quien finalmente encuentra la muerte a manos del primero. En este texto, se lleva al límite la imagen del ángel del hogar, pues el sujeto femenino queda convertido en un ser mudo, incapaz de volar, débil e indefenso siempre a merced de su par masculino. La característica esencial del espacio doméstico representado en esta narración radica en que parece constatar y asegurar la plena supremacía del varón. De hecho, a diferencia de los relatos analizados previamente, la narración y el punto de vista predominante es el “masculino”. Puede afirmarse, de esta manera, que tanto el relato, la historia contada por el narrador, como la casa donde transcurren las acciones se encuentran bajo el control masculino. El asunto de fondo, como es evidente, radica en comprender que la decisión narrativa de “recrear” una voz masculina para contar la historia no es anodina. Por el contrario, forma parte de la estrategia narrativa de Silva Santisteban. Cabe insistir, entonces, que no se trata únicamente de que la información sea brindada por una voz masculina, sino que esta se encuentra evidentemente articulada desde el discurso patriarcal. Así, por ejemplo, quien relata señala reiteradamente que no debe ceder a la “debilidad” de expresar alguna muestra de cariño ante otro ser: “Hasta este momento ni un solo segundo me había permitido una debilidad. Sabía —intuía— que una caricia o palabra de ternura la encadenarían a mi vida”48. En esa línea, más adelante, el narrador se reafirma categóricamente en este punto: “¡Un hombre no debe permitirse nunca una debilidad!49. Se trata de un narrador que en todo momento desea dejar en claro al lector que no es un ser débil ni repite “gestos maricas”50 que pudieran generar una impresión equívoca de él. Como señala Pierre Bourdieu, en sociedades patriarcales es muy común que los varones caigan en la trampa de la masculinidad y se encuentren en una tensión y contención permanentes, “que impone en cada hombre el deber de afirmar en cualquier circunstancia su virilidad”51. Ser varón, en este sentido, significa “estar a la altura de serlo, de buscar alcanzar siempre el ideal imposible de la virilidad. Además, se trata de una cualidad que debe ser revalidada por los pares. Ser varón, entonces, necesita una validación pública, que genera una dependencia ante la opinión de los demás. Según Bourdieu, la mayoría de las prácticas o ritos sociales que reafirman la virilidad incluyen los componentes de la violencia, y la fanfarronería, una exageración de los 47 Ob. Cit., Rocío Silva Santisteban. “Escribir como mujer”. La insignia, 2001a. 48 Rocío Silva Santisteban. “Rara avis”. Me perturbas. Segunda edición. Lima: El Santo Oficio, 2001b, p. 64. 49 Ibídem, p. 66. 50 Ibídem, p. 65. 51 Pierre Bourdieu. La dominación masculina. Barcelona: Anagrama, 2000, p. 68.

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