Lisandro Jesús Solís Gómez 545 el parlamento citado anteriormente. Eso explica, en parte, por qué, desde el inicio, es necesario “educar” a la protagonista para que no emplee sus alas: “En las ocasiones en las que esta había intentado usarlas fue severamente castigada (“Las niñas buenas no hacen esas cosas”, le habían señalado.) Hasta que aprendió la lección y ya nunca más intentó audacias como aventurar sus opiniones, manifestar sus deseos, rebelarse contra la autoridad, soñar despierta y otros vicios por el estilo, muy propios de los seres como ella”45. En tal sentido, la educación de la protagonista supone también la (de)formación de sus propias capacidades. Ella debe atrofiar, anquilosar, su propio desarrollo para encajar dentro del espacio que le está reservado dentro de la sociedad. La ambivalencia del relato, el hecho de no saber con certeza si las alas son reales o una metáfora para aludir al potencial intelectual y creativo de la protagonista, así como a su capacidad de acción, contribuye a que el lector pueda visualizar la crueldad de un espacio que cercena, interrumpe y coacta, pese a su aparente docilidad. Ser una “niña buena”, entonces, es solo posible a costa de sacrificar el propio ser. Al igual que las alas, el final de esta historia es también ambiguo. Con propiedad, el relato de Mellet no posee un final. Se trata de una narración abierta que concluye con una reflexión sobre la inviabilidad de que la protagonista logre insertarse en la normalidad doméstica. En el último párrafo, la narradora afirma: Pero, en realidad, el final de esta historia no existe. O existen, en todo caso, diversos desenlaces para elegir. Cualquier cosa puede suceder con un hombre que comete la insensatez de enamorarse de una mujer alada. Cualquier cosa puede suceder con una mujer alada que, neciamente, se proponga nunca, jamás, intentar echarse a volar46. El final del cuento, de forma indirecta, resalta la incompatibilidad entre las capacidades de la protagonista y el ambiente doméstico. En ese sentido, las alas que posee, a diferencia del ángel del hogar, la convierten en un ser que no encaja dentro del espacio doméstico, pese a que el imperativo social se lo impone. En otras palabras, por medio de la voz de los otros personajes, se demanda que la protagonista quede constreñida a la cárcel del hogar y que su cuerpo sea moldeado según las exigencias de este. No obstante, en este final abierto, también se sugiere la necesidad de asumir la vida de forma creativa más allá de los estándares sociales impuestos. La narradora parece señalar que es el lector o la lectora quien debe escoger cuál es la ruta que debe seguir la protagonista. 2.3. “Rara avis” (1994) o el inconcebible cuerpo femenino “Rara avis” apareció en Me perturbas (1994), primer libro de narraciones breves compuesto por la escritora, poeta, investigadora y política peruana Rocío Silva 45 Ibídem, pp. 87-91, 1994, p. 87, cursivas nuestras. 46 Ibídem, pp. 87-91, 1994, p. 91.
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