Mujeres, ángeles y fantasmas. Biopolítica y domesticidad en tres relatos fantásticos de finales del siglo XX 544 Hubo ocasiones en las que a ella, inadvertidamente, se le escaparon algunos tímidos aleteos. Él, [su esposo] con paciencia y dulzura, se lo hizo notar sin reproches. Le decía por ejemplo «¿Olvidaste, amorcito, que no me gusta oírte hablar de política?», o «¿Acaso me estás contradiciendo, cariño?». Ella se disculpaba y prometía, sinceramente, que no volvería a suceder41. De esta manera, sin gritos ni amenazas, irónicamente de forma cordial, su esposo se convierte en el guardián del espacio doméstico, quien mantiene en su poder las llaves de la celda que aprisiona a la protagonista. Como se observa, las voces que pueblan el hogar y la conducta de su esposo imponen una fuerte presión sobre el personaje principal. No es posible que ella encuentra la libertad que interiormente anhela dentro de ese espacio. Por otro lado, el motivo central de la historia, aquel que desencadena la tensión central del relato, es el cuerpo de la protagonista. Ella está dotada de unas “alas inmensas”42 que gatillan entre los demás personajes reacciones diversas. Cabe aclarar que las alas dentro del relato poseen un doble estatuto: en algunos pasajes, parecen ser una metáfora del intelecto y las habilidades de la protagonista, que contradicen el hecho de que ella deba únicamente restringir sus actividades cotidianas al hogar que administra; en otros, se asumen como un hecho factual, una realidad, que determina la conducta de los otros personajes para con la heroína. A lo largo del cuento, la narración oscila siempre en esta ambivalencia. Reales o figuradas, las alas del personaje principal es el aspecto esencial que gatilla el relato. Por ello, en algunos casos, las alas de la protagonista ni siquiera son visibles: “No es que fueran visibles, pero fijándose un poco, o con algo de experiencia en el asunto, se le podían notar hasta en la mirada”43. En cambio, en otros, generan suspicacia de inmediato. Por ejemplo, uno de los amigos del novio de la protagonista, poco antes de la boda le brinda un “consejo”: —No te conviene, compadre. No para que sea tu mujer —le aconsejó una noche, frente a un par de cervezas, un amigo—. Esas están buenas para pasar el rato, para divertirse. Pero ¿para madre de tus hijos? ¡Ni hablar, hermano! Uno nunca sabe en qué momento saldrá n volando… —añadió, palmeándole los hombros y haciendo un ridículo gesto con las manos”44. En consecuencia, como se desprende del diálogo, las alas de la protagonista son concebidas como un generador de caos o desorden potencial, pues, al permitir el libre desplazamiento de la protagonista, puedes desarticular el orden patriarcal. Es necesario mantenerlas controladas para que funcione bien todo dentro de la casa. Solo impidiendo que se usen, se puede conservar la calma y la estabilidad en el matrimonio parece sugerir 41 Ibídem, pp. 87-91, 1994, p. 89. 42 Ibídem, pp. 87-91, 1994, p. 88. 43 Ibídem, pp. 87-91, 1994, p. 88. 44 Ibídem, pp. 87-91, 1994, p. 88.
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