Elsa Leticia García Argüelles 522 episodios de contexto y otros personajes má s renombrados como Cortés o Moctezuma para que Isabel, en pleno siglo XXI, pueda tomar la voz tímidamente y tenga desplantes de rebeldía y emocionales. La estructura contempla ocho capítulos, todos se titulan de acuerdo a la numeración en nahuatl y en español: Yonce/cero. La mujer que grito con tanta fuerza, Ce/uno Anzha es Castilla; Ome/dos. Sin amor porque no quiero; Yeyi/tres. Citalli; Nahui/cuatro. La herencia; Macuilli/cinco. El collar; Chicuace/ seis. El convento; chicome/siete. Las cartas; Chicuei/ocho. El secreto. En relación al tema de la construcción de la protagonista y las emociones sólo voy a enfocar algunos rasgos. La anécdota es extensa y reiterativa, de hecho, a groso modo, se cuenta en la misma contraportada. Advertimos descripciones y diá logos que dan cierta agilidad a la anécdota, pero que se basan en imá genes de obsidiana y un secreto que ya se intuye desde la mitad o antes, pero hay que esperar doscientas pá ginas hasta el ú ltimo apartado. También se registra lo relacionado a su herencia, su testamento y sus matrimonios, así como la ficción de las cartas que escribe Isabel de Moctezuma y que lee al final su hija Leonor. Sin duda, “Algunas notas de la autora” es un apartado interesante porque le ahorra al lector pensar, por ejemplo, el cambio de nombre de la protagonista, cuando afirma: “En realidad Tecuixpo quiere decir “hija del señor”, es decir que Tecuixpo má s que un nombre, es una especie de cargo a nombramiento, mientras que su segundo nombre, Ixcaxóchitl, es el que significa “copo de nieve”. Una licencia literaria que he tomado por que consideré que Tecuixpo es má s fá cil de leer y pronunciar”.21 Así también vemos en las dos siguientes citas como la protagonista desde que es niña muestra los afectos y las emociones en relación a su padre Moctezuma y a los hombres con quienes va adquiriendo matrimonios, pero enfatizando siempre el valor y el coraje para enfrentarlos, como vemos en el apartado, “Tenochtitlá n, año 1520”: Los ojos de Tecuixpo, duros de por sí, se endurecieron en un secano que duró por siempre. Estaba llena de rabia por dentro. Quería gritar, zarandear a su padre y decirle que se equivocaba, que la escuchara, que la comprendiera. Que fuera el tlahtoani que ella esperaba que fura. Que matara a los españoles con el filo de la obsidiana, de frente y sin temor, no de espaldas, no con veneno. En lugar de eso, calló. Se dio media vuelta y salió de allí, habiendo cambiado para siempre. Algo en su interior se congeló. Se topó de frente con Citlali, que la esperaba a la salida. -Pobre mi niña, ¿qué ha pasado?, ¿Qué has hecho? - Vámonos, Citlali. No quiero hablar de eso. Citlali la conocía lo suficiente para saber que la niña, que no lloraba jamás, estaba al borde del llanto. Un llanto seco y sin lágrimas, tan doloroso y peligroso como un parto sin agua. -Vamos al telar, Tecuixpo. Tienes el cabello enredado. Y Citlali le acarició con ternura la negra cabellera.22 21 Laura Martínez Belli. La otra Isabel. México: Planeta, 2021, p. 501. 22 Laura Martínez Belli. La otra Isabel. México: Planeta, 2021, p. 57.
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