Centro de estudios, la mujer en la historia de américa latina

Lilia Granillo Vázquez 45 “laberinto” se sigue leyendo, aunque ahora sí se advierte el patriarcalismo 3. Representaciones posteriores escritas por mujeres, por ejemplo, El eterno femenino, o La Malinche, sus padres, sus hijos 4, la conciben como el personaje complefo que fue, con aquella inteligencia femenina que recurre al subterfugio de la autodefensa, rasgo de diosa: aprender la lengua del opresor y convertirse en intérprete del Conquistador como intento que reduce la violencia contra las mujeres, un sacrificio personal para preservar la vida propia y la de varios pueblos originarios. Recogida en CEMHAL, una mirada desde Hungría, advierte la complejidad del personaje, que ha sido reducido a traidora y mala madre, en otros escritores: El trasfondo histórico de las tres obras es el mismo: el encuentro de dos mundos y de dos culturas simbolizado por los conquistadores españoles y los aztecas. En este contexto se intercala el destino de la Malinche, su relación con los españoles y su propio pueblo. En esta perspectiva las tres obras siguen fieles el canon histórico a pesar de que la imagen de la mujer ofrece diferentes matices. La mujer es protagonista en la obra de Carpentier –la aprendiz de bruja se refiere a ella-, mientras que en las otras dos tiene un papel secundario. Teniendo en cuenta el orden cronológico de los hechos, la obra del escritor cubano se remonta al momento de la llegada de las tropas españolas: Malinche informa a su pueblo identificando esto con el retorno de Quetzalcóatl. Pero no le creen y se burlan de ella. En la obra de Carlos Fuentes, Malinche ya se encuentra al lado de los españoles, mientras que la trama de Ramón Sender se sitúa en 1538, o sea, muchos años después de la conquista. Al mismo tiempo, en las tres obras se subraya el papel intermediario de la mujer: ella quiere ser la lengua entre las dos culturas y trata de dar a conocer y entender su cultura a los españoles. Estar con los conquistadores no significa identificarse con ellos, aceptar su cultura y su religión, y olvidarse de sus propias raíces. En las tres interpretaciones la Malinche se presenta como un personaje complejo, lleno de preguntas y dudas 5. Las escrituras feministas o protofeministas trastocaron el orden patriarcal y advierten la misoginia y el racismo, aversión a lo indígena. Paz no es el único que representa la maldad de las mujeres. Hay que releer el discurso, casi una hermeneútica de la maldad brujeril, el fallo femenino, en otros ensayos: para el caso latinoamericano, las madres de pueblos enfermos, un estudio “sicológico” (mis comillas), escrito en Bolivia y publicado en España sobre la identidad latinoamericana femenina: Pueblo enfermo6. 3 Lilia Granillo, “La escritura de la historia como gestión de la identidad, perspectiva de género”, en Sara Beatriz Guardia. Edición y Compilación. Escritura de la Historia de las Mujeres en América Latina. El retorno de las diosas. Lima: CEMHAL, 2005. 4 Rosario Castellanos, El eterno femenino. México, FCE, 1975. Margo Glantz. La Malinche. Sus padres y sus hijos. México, UNAM, 1994. 5 Zsuzsanna Csikós. “La figura de La Malinche en la literatura hispana del siglo xx: la aprendiz de bruja de Alejo Carpentier. Todos los gatos son pardos de Carlos Fuentes y Jubileo en el zócalo de Ramón Sender. Revista CEMHAL, Lima, Año XV, No. 153, marzo - abril, 2014. 6 Alcides Arguedas, Pueblo enfermo. Contribución a la psicología de los pueblos hispanoamericanos. Ensayo, Barcelona, Viuda de Luis Tasso, 1909. Willy O. Muñoz. “Adela Zamudio: Una Obra y Vida

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